Cierto día, decidiste abrir una cuenta en Facebook. Se trataba de una forma más de profundizar en las virtudes de internet y no quedarte al margen del progreso. Decidiste subirte al carro de eso que ya se empezaba a denominar “redes sociales”. Así, empezaste a volcar parte de tu vida personal en lejanos servidores, te relacionaste con personas con las que compartiste secretos inconfesables y presentaste en sociedad a tu pareja, familia, amigos y hasta a tu perro. Pero poco podías imaginar que un ejercicio tan inocente y enriquecedor podía llevarte a ser objetivo de posibles intromisiones en tu vida privada, algo tremendamente importante para ti. Desde hacía años, habíamos oído hablar de oscuros proyectos relacionados con el espionaje en internet; herramientas secretas que podían acceder a nuestros datos personales, ya fuera a nuestra cuenta de correo electrónico o de Facebook. Sin embargo, todo parecía obedecer a la leyenda y al ámbito de los foros conspiranoicos. Ahora, he...