Ir al contenido principal

La cabeza cortada de Almatriche

El 8 de mayo de 1955 tuvo lugar un horroroso hallazgo en Almatriche, Gran Canaria. Una cabeza humana fue desenterrada por un perro y, según algunas crónicas, fue llevada entre las fauces del animal.
La cabeza parecía pertenecer a un varón de mediana edad. El cráneo presentaba algunas deformaciones que hacían pensar en una muerte violenta antes de su decapitación.  La Policía estuvo peinando la zona, comenzando los altos del barrio de San Roque, con la esperanza de encontrar el resto del cuerpo, o por lo menos algún rastro que apuntara al esclarecimiento del suceso.  Lo único que se logró hallar fue parte de una dentadura y una boina, en las proximidades del lugar en el que fue descubierta la cabeza, presuntamente pertenecientes a la víctima. Otras pistas, un rastro de sangre y testimonios de gritos la noche anterior, eran lo único de lo que disponían las autoridades para aclarar el misterio.

Una cabeza anónima
No existía la menor idea sobre la identidad de la víctima ni, mucho menos, del agresor. El desconcierto que provocó el asunto despertó cierto grado de alarma entre los vecinos, que llegaron a pensar que un auténtico monstruo se paseaba por las noches por Almatriche. Ante la falta de indicios que permitiese continuar con la investigación policial, el Juzgado de Instrucción número uno de Las Palmas se vio obligado a emitir un comunicado que fue publicado en algunos medios de comunicación.
En la nota publicada en un recuadro de la página ocho del diario Falange (casi el único medio que siguió el asunto durante aquellos días, con oficina en Las Palmas), en su edición del 11 de junio de 1955, bajo el encabezamiento "Hallazgo de una cabeza humana", se habla del descubrimiento de "la cabeza de un adulto, como de cincuenta años de edad, que era calvo [...], producto de un crimen".
Dadas las dudas que a esa fecha existían sobre el caso, en la nota, firmada por el Juez de Instrucción Segundo Tarancón Pastora, se hace un llamamiento a la población local para que en caso de que hubiesen echado en falta a algún familiar durante los primeros días de mayo, lo comunicasen a la autoridad judicial.
Nota del Juzgado en la que se pide la colaboración
 ciudadana para el esclarecimiento del caso.

Asimismo, se pide la colaboración ciudadana para que aporte cualquier información relativa al paradero de Juan Andrés Sánchez Alonso, de 57 años, que en ese momento era el candidato a ser la víctima del brutal asesinato, según las investigaciones policiales. Junto a la nota, aparecían varias fotografías del citado. Esta pista no llevaría a ningún lugar ya que jamás se pudo verificar la identidad de la víctima. Y Juan Andrés Sánchez  al parecer se encontraba vivito y coleando en Santa Cruz de Tenerife.
El 24 de junio, el citado diario publicaría una nota de la Policía en la que se pedía a los conductores de vehículos públicos que comunicaran si habían recogido a cuatro sospechosos durante la noche de autos, en las zonas de Santa Brígida, La Angostura, Pino Santo, Almatriche o La Calzada. En ese caso, precisaba la nota, había obligación de presentarse en la comisaría del Cuerpo General de Policía y declarar esta circunstancia a la Brigada Criminal.
El tiempo pasa y no hay ninguna información sobre estos requerimientos. La Policía no tenía nada con lo que continuar sus pesquisas.

Fotografías de Juan Sánchez,
posible víctima (Falange, 11 de junio de 1955)
Pendenciero, estafador y ¿asesino?
Sin embargo, el 31 de mayo, la prensa informa por fin de la detención de un sospechoso. Se trata de Juan Padrón Sánchez, de 63 años de edad, casado, natural de Santa Brígida, con domicilio en el número 5 de la calle Lavadero, en Santa Cruz de Tenerife, según informaciones del diario Falange. A Juan Padrón se le conocía por los motes de "Oso canario", "Pollo de la Angostura" o "el cubano". Al detenido le constaban unos pésimos antecedentes.
Según informaba el rotativo, había regresado de Cuba unos diez años antes, después de pasar allí cerca de tres décadas. De carácter pendenciero y dado a las peleas, estuvo detenido por  el 1 de abril de 1935, por riñas y escándalo. En julio del mismo año volvió a pisar el calabozo por un caso de estafa. En su haber ya tenía una condena por timos por parte del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo. Salió de la cárcel en 1951 y, desde entonces, siempre según este medio, siguió dedicándose a engañar a incautos.
Entre las numerosas denuncias que acumulaba, destacaba una en la que se hizo pasar por oficial de un barco mercante. Pedía por adelantado unas cantidades de dinero para realizar un transporte. A los pocos días desaparecería con el dinero sin dar señales de vida durante un tiempo. Cuando era joven se dedicó al boxeo. En este ambiente se le terminó por apodar como "Oso Canario" o "Pollo de la Angostura".
Desde el momento de su detención, Padrón negó los hechos. Pese a todo, en su domicilio en la Avenida General Mola, en Santa Cruz de Tenerife, se halló una maleta manchada de sangre, así como unas prendas recién lavadas.
Según informa el periódico, toda la labor de investigación recayó sobre el inspector jefe de la Brigada de Investigación Criminal Carlos Núñez Redondo, así como sobre los inspectores Teodoro García Salvatierra, Luis Mesa Martínez y Matías Navarrete Martínez. También se destaca la colaboración de la Guardia Civil. Así las cosas, la resolución del caso, sobre todo la misteriosa identidad de la víctima, sería cuestión de días.
(Titular del diario Falange, 12 de mayo de 1955)

Sin embargo, la ciudadanía se llevó una sorpresa mayúscula cuando Falange, en su exhaustivo seguimiento del caso, informó de que Juan Padrón Sánchez era puesto en libertad. Sencillamente, no había pruebas de peso que lo vincularan al salvaje homicidio. Otros sospechosos acabarían pasando por el juzgado, pero igualmente terminarían en la calle.
Así, el caso continuó sumergido en un mar de dudas hasta el día de hoy. La víctima no llegó a tener nombre ni apellidos. Nadie echó en falta a ningún familiar o conocido en la zona. Posiblemente, se tratara de alguien que no residiera en la localidad el que acabara siendo decapitado en aquellas latitudes, pero lo cierto es que a la isla no llegó ninguna denuncia por desaparición que encajara con aquellas fechas y circunstancias. Y del asesino, claro, jamás se supo.

Comentarios