El affaire Roswell no quiere pasar de moda. Pese a que ya parece haberse dicho todo sobre este asunto, sobre todo después de las última toma de postura por parte de la administración estadounidense en los 90 (que explica el suceso como la caída de un globo estratosférico), como todo mito que se precie, Roswell se resiste a morir y parece estar lejos de dar sus últimos coletazos.
Sin rastro del nitinol
Las últimas informaciones que nos llegan, sobre el que sería considerado el primer caso de estrellamiento de una nave extraterrestre en nuestro planeta, parecen dar un giro inesperado a la interpretación popular que se tenía de esta historia.
Con fecha 11 de octubre, aparece publicado en el blog The UFO Iconoclast, una entrada firmada por Anthony Bragalia, titulada "Reconocido Comandante de la Marina estadounidense revela el asombroso secreto de Roswell". En el texto se afirma que" la verdad sobre el caso podría ser más extraña de lo que nunca hubiésemos pensado".
Flirteando con los ovnis
Las conclusiones las habría hecho George W. Hoover (1915-1998), Comandante de la Marina de los Estados Unidos que desarrolló una brillante carrera militar y científica al amparo de la Oficina de Investigación Naval (ONR). Hoover fue pionero de algunos dispositivos dentro del campo de la aeronáutica; entre otros, un sistema que permitía la capacidad de vuelo en cualquier circunstancia meteorológica. También impulsó el proyecto de los globos estratosféricos Skyhook, que estudiaban los rayos cósmicos y aportaban datos sobre los vuelos supersónicos. En 1954, se vio implicado en las pruebas sobre vuelos a gran velocidad, siendo uno de los impulsores del “avión-cohete” X-15, que en los años 60 batiría todos los records al alcanzar el límite del espacio exterior. También colaboró, junto al alemán Werner Von Braun, uno de los padres de la carrera espacial estadounidense, en el Proyecto Orbiter, que supondría la puesta en órbita del Explorer I, el primer satélite americano en el espacio.
Los intereses de Hoover no se limitaron a cuestiones meramente técnicas o de ingeniería. Según el sitio web, el comandante tenía madera de humanista y sintió interés por cualquier asunto de gran alcance para el ser humano, acercándose a materias como la Cosmología o la Filosofía.
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Fraudulenta autopsia del alienígena de Roswell |
En plenos años 50, sería inevitable que ese interés derivara hacia una de las cuestiones de moda en ese momento: los ovnis.
En 1957 llegó a sus manos un ejemplar del libro “The Case for the UFO” del astrónomo Morris K. Jessup. En la obra, se hablaba de “campos magnéticos”, “rayos cósmicos”, “campos de gravedad” y “tecnología secreta”. Hoover revisó con interés este libro denotando una especial atracción hacia este asunto. De hecho, su vínculo con los ovnis no sería nuevo si, atendiendo a las aclaraciones de Bragalia, tenemos en cuenta que fue asesor del Panel Robertson, un comité de la CIA dedicado al estudio de los no identificados en el área de Washington, en 1952.
El autor del referido artículo quiso contrastar algunos detalles sobre el interés de Hoover por los platillos volantes y destacó algunas declaraciones extraídas de la correspondencia que un colaborador suyo, Aurimas Svitojus, tuvo con el hijo del militar. Bragalia sospechaba que el comandante Hoover, aprovechando su status dentro de la investigación científica en el campo militar, podría haber tenido algún grado de conocimiento del suceso de Roswell.
Viajeros "extra-temporales"
Efectivamente, en una entrevista, George W. Hoover Junior admite que su padre le hizo algunos comentarios sobre este incidente en los años 60. Según relató, Hoover Senior “vio evidencias sobre el accidente de Roswell que le convencieron de que no se trataba ni de un globo estratosférico (la versión oficial de esta historia) ni de un fraude”. Además, constató el “interés personal y profesional” que tenía sobre los ovnis. Asegura que su padre estuvo “profesionalmente” implicado en su estudio mientras estuvo en la Marina.
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¿Experimentó la Armada con el mítico "nitinol"? |
Bragalia también destaca otro encuentro que tendría posteriormente el investigador William J. Birnes con George W. Hoover Jr., que no solo corroboraría lo anteriormente expuesto, sino que desarrollaría la información de la que presumiblemente disponía Hoover Sr. hasta límites insospechados.
Birnes apunta que cierto día hablando de manera informal sobre diversas cuestiones, la charla derivó hacia el asunto de los ovnis. Según Birnes, el militar habría asegurado que “los ovnis no son el mayor secreto; las entidades que están detrás del fenómeno son la mayor preocupación”. Roswell fue ciertamente el escenario de un accidente pero por parte de “visitantes extra-temporales”; viajeros del tiempo. “Ellos claramente vienen del futuro” habría asegurado Hoover, siempre según Birnes. “Los humanos del futuro tendrán la habilidad de manipular la realidad”. Así, “los gobiernos temen las intenciones y las habilidades de los visitantes”.
Una de las derivaciones de esta capacidad de manipular la realidad es que “el ser humano es más poderoso de lo que hubiésemos soñado ya que utilizará para ello su conciencia”. Ello nos llevaría a los supuestos ensayos de la mítica “ingeniería inversa”, un proyecto en el que, según habría confesado el propio Hoover, habría estado implicado.
Anthony Bragalia, el autor del artículo que nos ocupa, pasa a continuación a ocuparse de los esfuerzos por parte de la Armada en estudiar la relación entre la conciencia y la tecnología, algo que no ha sido oficialmente reconocido ni tampoco demostrado, basándose en que las declaraciones de Hoover darían sustento a la realidad de estos experimentos.
Según el autor, el Batelle Memorial Institute, una institución privada dedicada al estudio científico de la tecnología, habría puesto a prueba la capacidad para recuperar la forma de ciertos metales, inspirándose en algunos de los restos de la presunta nave accidentada en Roswell.
A su vez, estos ensayos estarían relacionados con los experimentos de la “mente sobre la materia”, también alentados por la Armada estadounidense y que habrían llevado al origen del “nitinol”, un nuevo metal capaz de cambiar de forma con gran facilidad. Los experimentos del nitinol bajo la influencia psíquica se habrían llevado a cabo en el ámbito de la Oficina de Investigación Naval (ONR) implicando a científicos como Fred Wang y Howard Cross.
Sin duda, toda la historia está cogida con pinzas, comenzando por el grado de conocimiento que tuviera Hoover sobre lo realmente ocurrido en Roswell. Quizás se limitó a comunicar a su hijo la impresión personal y subjetiva que le producía una historia como aquella. Probablemente con el tiempo fuera aderezando su particular visión de los hechos con elementos más bizarros como la capacidad de “metamorfosear” el espacio-tiempo.
Sin embargo, hay algunos pasajes aprovechables para cualquier seguidor de la Historia de los ovnis, como es el hecho de que Hoover Sr, le hiciera las confidencias relativas a Roswell a su hijo en los años 60, cuando el origen del mito, por lo menos en su vertiente extraterrestre, realmente se originó en los 80, a raíz de la publicación de algunos libros reavivando el asunto y convirtiéndolo en la meca de la ufología (pese a ser un suceso acontecido en 1947).
Por lo demás, como suele pasar en estos asuntos, no hay pruebas definitivas de nada: ni del nitinol, ni de los restos de la nave estrellada, ni de los documentos que demuestren la realidad de los experimentos de la conciencia sobre la materia del ONR.
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