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Sin rastro del cometa del fin del mundo

Localización del cometa Elenin
El cometa Elenin se ha desintegrado. Ahora solo es un montón de gas disperso. Y precisamente, lo ha hecho en el momento en el que, según los agoreros de turno, debía haber destruido nuestro planeta.
Poco se imaginaba el astrónomo amateur ruso Leonid Elenin la tormenta mediática que iba a desatar cuando descubrió este cuerpo espacial, el 10 de diciembre de 2010. El cometa, cuyo núcleo se estima en unos 4 kilómetros de diámetro, se adentraba en el sistema solar y tendría un momento de máxima aproximación a la Tierra el 16 de octubre de 2011. El campo ya estaba abonado.
Desde principios de este año, las más enrevesadas e inverosímiles teorías se han elaborado en torno al cometa. La más alucinógena, y posiblemente la que echó a correr la liebre en torno al asunto Elenin, la puso encima de la mesa el investigador Sergio Toscano. El citado afirmó que en base a las primeras imágenes, se podía deducir que, tras él, se movía una serie de objetos sin identificar y que el comportamiento del cuerpo no era el que cabría esperar para un cometa; vamos, que aquello tenía que estar movido por alguna inteligencia.
Las manifestaciones, recogidas en el sitio web AIM, estaban fundadas una serie de anomalías percibidas en la cola del astro; un “cluster” o área no identificada que desde su detección abriría los campos a todo tipo de especulaciones. No podía faltar la inevitable connotación ufológica del asunto, claro.
Toscano se convirtió durante algunas semanas en un portavoz autorizado en lo que se refiere al cometa Elenin. Su status de supuesto científico dio credibilidad a sus palabras, que fueron recogidas por no pocos medios digitales.
El investigador, además, urdió una inquietante trama, según la cual, el gobierno de los Estados Unidos, habría considerado el asunto como de seguridad nacional, por lo que, desde entonces, el secretismo se imponía sobre todo lo concerniente al misterioso cometa…en connivencia con la agencia espacial NASA.
El contacto de los alienígenas con la especie humana parecía, por tanto, anunciado. Solo quedaba por ver si se presentaban hostiles. En ese caso, teníamos los días contados.

Causante de terremotos y tsunamis
Al mismo tiempo que la teoría extraterrestre cogía arraigo a través de blogs y redes sociales, otras corrientes catastrofistas hacían, paralelamente, su alocada carrera por Internet, el lugar propio de este tipo de historias. La que más ha calado entre el público ha sido la que relaciona a Elenin con algunas desastres naturales en nuestro planeta. Algunos blogueros han determinado que durante los trágicos terremotos de Chile y Japón, el cometa estaba "perfectamente" alineado con la Tierra y el Sol. El efecto gravitatorio consecuente habría empujado a las placas tectónicas a desplazarse de la manera en que lo hicieron.
La propuesta se basa en el denominado “fenómeno de magnificación de la resonancia”, estudiado por el supuesto científico Mensur Omerbashib.. Los defensores de esta teoría, como John Vidale, de la Universidad de Washington, consideran que determinadas alineaciones planetarias, por ejemplo, Tierra-Luna-Sol, pueden provocar aumentos en la “tensión de las placas tectónicas de alrededor del 1% , precipitando, en ciertos casos, movimientos sísmicos, y una mayor actividad en los volcanes”.
Aún admitiendo que esto fuera así, la influencia gravitatoria de un cuerpo que se encuentra a decenas de millones de kilómetros de distancia de nuestro planeta sería tan débil que, tal y como ha aclarado DonYeomans, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, a propósito de este asunto, “es mayor el poder gravitatorio ejercido por un coche sobre la Tierra”.

Goodbye Elenin 
La expectativa generada en torno al Elenin iba creciendo conforme se acercaba el temido 16 de octubre. Incluso se crearon páginas web en las que se hacía un exhaustivo seguimiento diario de las evoluciones del objeto, incluyendo gráficas e imágenes actualizadas. Pero algo inesperado ocurrió a principios de octubre: el cometa pareció desaparecer. Precisamente cuando nos estábamos preparando para lo peor, no había ni rastro de él.
Algunos científicos, entre ellos el propio Leonid Elenin, ya adelantaron que ello podría deberse a que, en su camino hacia las entrañas del sistema solar, el Sol estuviera desintegrando su estructura. Así parece que fue.
El pasado 16 de octubre, solo se pudieron observar las ascuas de lo que un día fue un imponente cuerpo de varios kilómetros de diámetro. Gas y polvo sin ninguna forma que seguirán deambulando en su eterno peregrinaje por el espacio. La próxima vez que estos restos regresen a nuestro vecindario, dentro de 12.000 años, tal vez no quede ni eso.
Los 39 integrantes de la secta
Puerta del Cielo esperaban
el paso del cometa Hale-Bopp

Mensajeros de la decepción
Me pregunto si con las migajas del Elenin también se habrán esfumado las esperanzas –y los deseos- de mucha gente de que algo extraordinario hubiera ocurrido durante estos días, aunque fuera la explosión de un supervolcán o la llegada de un megatsunami.
No cabe duda del poder evocador de todo lo que provenga del cielo. Desde tiempos inmemoriales los astros y cometas han estado ligados al destino de las civilizaciones que los observaban. Seguimos conservando esas sensaciones atávicas.
Al leer todas las informaciones que nos han llegado en torno a Elenin, no he podido evitar rescatar el escalofriante suceso de la secta Puerta del Cielo, cuyos integrantes, el 26 de marzo de 1997, decidieron quitarse la vida ingiriendo una ponzoña letal. Lo hicieron en el momento de mayor proximidad del cometa Hale-Bopp.
Para ellos no se trataba de una acción en absoluto traumática. Sus cuerpos fueron hallados cuidadosamente extendidos y ataviados en un rancho de Texas. Fue un acto de absoluto convencimiento. Simplemente querían huir de la Tierra. Creían a pies juntillas que en la cola del Hale-Bopp se acercaba una nave espacial que los rescataría de una condena segura si permanecían en nuestro planeta.

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