A punto de cumplirse un año de la operación secreta estadounidense que puso fin a la vida de Bin Laden en una aldea de Pakistán, las especulaciones sobre el auténtico paradero del que fuera líder de Al Qaeda no han hecho más que crecer. Para muchos, lo que se contó en los días posteriores desde los medios de comunicación generalistas no son más que patrañas. Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Kent aporta claves para entender el éxito entre el público de las teorías que se oponen a las versiones oficiales.
Una historia de violencia
El dos de mayo de 2011 un comando de élite de las fuerzas militares estadounidenses se adentró en dos helicópteros, al anochecer, en territorio paquistaní. Tras tomar tierra dentro del complejo en el que estaba localizado Bin Laden, en la localidad de Abbottabad, los marines intercambiaron disparos con los leales al líder islamista, dando muerte a algunos de ellos, incluyendo a una de sus esposas. Posteriormente, en condiciones poco aclaradas, Bin Laden sería ejecutado.
Según la versión oficial -la única que se ha podido conocer en relación a los hechos- su cuerpo fue trasladado en helicóptero al portaaviones USS Carl Vinson. Tras haberse efectuado las oportunas pruebas de ADN para asegurar la identidad del objetivo, fue arrojado al mar. Tal y como trasladaron los propios americanos, esto se hizo siguiendo fielmente los rituales de enterramiento practicados en el mundo musulmán. La finalidad era evitar darle sepultura en tierra para no inaugurar un santuario que fuera fuente de nuevos conflictos.
Las primeras sospechas sobre la veracidad de la operación fueron manifestadas por los talibanes de Afganistán. Uno de sus portavoces aseguraba en los siguientes días: “Los estadounidenses no han mostrado pruebas creíbles de la muerte de Osama Bin Laden y su muerte no ha sido confirmada por fuentes cercanas al líder”.
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Muchos de los que creen que Lady Di fue asesinada, también piensan que simuló su muerte |
Los rumores relacionados con el destino real del terrorista no tardaron en llegar a los mentideros occidentales de la conspiranoia; más concretamente al hábitat natural de este tipo de historias: Internet. En líneas generales, podemos resumir en tres las teorías alentadas en estos foros: que Bin Laden aún siguiera vivo, que ya hiciera algún tiempo que estuviera muerto y, las más sorprendente, que jamás hubiese existido.
Recientes investigaciones publicadas en la revista Social Psychological and Personality Science demuestran que varias de estas posibilidades pueden coexistir simultáneamente en la mente de los conspiranoicos.
Vivo y muerto
Michael Word, Karen Douglas y Robbie Sutton, de la Universidad de Kent, demostraron las complejidades psicológicas en las que incurren este tipo de historias con dos curiosos experimentos.
En uno de ellos, emplearon a 137 estudiantes. Los investigadores seleccionaron una de las conpiraciones preferidas por el público, la relativa al supuesto asesinato de la princesa Diana. Gran parte de los estudiantes, tras ser interrogados sobre este asunto, pensaban que había sido eliminada por los servicios de inteligencia británicos. Pero lo curioso, es que un porcentaje significativo de éstos, también opinaban que habría podido simular su propia muerte. Dos versiones de la historia muy diferentes, como puede comprobarse, que obedecerían presuntamente a motivaciones totalmente divergentes. Nada que ver una cosa con la otra.
En otra de las pruebas, 102 estudiantes fueron encuestados sobre su punto de vista en relación al paradero de Bin Laden. Un porcentaje pensaba que había escapado vivo del tiroteo, algo compartido por una parte sorprendentemente grande de la población. Lo más extraño, sin embargo, es que muchas de estas personas también opinaba que el terrorista ya llevaba algunos años muerto. ¿Cómo es posible?
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Obama y sus colaboradores siguieron la operación en Paquistán como si se tratara de un reality TV |
El milagro de la lógica deductiva
La clave para entender esta forma de pensar por parte de quienes creen ciegamente en las conspiraciones es que son más dados a aplicar la lógica deductiva a la información que les llega. Ésta consiste en valerse de una ley inamovible –por ejemplo, “hay que desconfiar de la autoridad”- para explicar cualquier realidad.
Lo contrario, el proceso inductivo, consiste en recoger datos con los que, a posteriori, pudiésemos elaborar una teoría que explicase lo que ha ocurrido.
Pero a los conspiracionistas, esto no les vale. Ellos ya saben que la versión oficial es falsa, y cualquier prueba que pudiese desmontar su visión del mundo ha sido manipulada por los servicios de inteligencia. Solamente eligen las informaciones que permitan confirmar su teoría previa. Así, se mueven permanentemente en un mundo hecho a medida en el que solo un grupo de elegidos conoce la verdad. De hecho, no es extraño encontrar ciertas dosis de lenguaje mesiánico en los sitios webs dedicados a elaborar conspiraciones.
Chapuzas oficiales
Sin embargo, no es menos cierto que la forma en que las autoridades trasladan su versión de los hechos a la opinión pública suele ser muy defectuosa. Probablemente, no sea algo que les preocupe mucho.
En los últimos días, hemos conocido que muy posiblemente el destino final de los restos de Bin Laden no haya sido el Océano Índico, sino unas instalaciones militares en Dover, Delaware, en Estados Unidos. Esto por lo menos es lo que se deduce de la última filtración de Wikileaks en la que se ha hecho público un email enviado por Fred Burton, vicepresidente de la compañía privada de espionaje Stratford. “Me informan de que nos hemos traído el cadáver. Gracias a Dios”, manifestó Burton, una vez tuvo conocimiento del resultado de la operación de los marines.
En la mente del público está la idea de que si el destino final de los restos de Bin Laden fue una mentira, ¿por qué no iba a serlo el resto de la historia? A muchos no les falta razón.
Son muchas otras las razones que alientan las conspiraciones: la falta de transparencia respecto a los hechos relatados por las autoridades, la ausencia de pruebas, la poca verosimilitud de una noticia elaborada por el gabinete de prensa del propio gobierno…
Quizás, la verdad se encuentre en un pantanoso término medio entre la leyenda y las versiones oficiales.
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