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"La Humanidad trascenderá la biología"

Hace unos quince años llegó a mis manos el libro La frontera del infinito, firmado por Paul Davis, junto a Carl Sagan, uno de los más brillantes divulgadores de temas de Cosmología. Al margen de tratar de manera magistral todo tipo de cuestiones relacionadas con el Universo o la Física Cuántica, Davis ponía el acento en el papel que el ser humano juega dentro de este gran teatro cósmico. En particular, me llamó la atención un concepto que en aquellos últimos años de la década de los 90 había oído mencionar pero que siempre me resultó algo esquivo: la Cibernética.
Davis aseguraba que dentro del normal proceso evolutivo del Hombre, éste llegaría a una etapa, en un futuro próximo, en el que acabaría incorporando en su organismo todo tipo de aparatos electrónicos que mejorarían no solo sus aptitudes físicas, sino también sus capacidades cognitivas. El ser humano se acabaría fusionando con su propia tecnología. De eso trataba la Cibernética.

Neurociencia y Metafísica
Desde entonces, y gracias a la eclosión de internet y al prodigioso desarrollo de la telefonía móvil, esta idea ha resultado cada vez menos descabellada. Si alguien nos hubiese dicho hace quince años que gran parte de nuestro tiempo vital lo íbamos a pasar dentro de un entorno virtual como es Facebook, nos hubiesen tachado de paranoicos. Pero esto parece que no ha hecho más que empezar. El camino preconizado por Davis ya se presenta en el horizonte como una realidad inevitable.
Una de las puntas de lanza de esta corriente es el trabajo de Raymond Kurzweil, experto en Inteligencia Artificial y director de Ingeniería de Google. Las ideas de Kurzwell, sin embargo, apuntan mucho más lejos, adentrándose en cuestiones más próximas a la Filosofía y a la Metafísica que a la Neurociencia o a la computación.
Para el experto, en un par de décadas nuestro cerebro vivirá directamente conectado a una nube, es decir, a una realidad virtual que estará basada en internet. Cuando asegura que la conexión será directa, se refiere a que no será necesario ningún ordenador, smartphone o cualquier clase de artificio, el proceso tendrá lugar en la propia sinapsis neuronal.
Kurzwell  apoya sus tesis apoyándose en su Ley de los rendimientos acelerados (una evolución de la conocida Ley de Moore), según la cual las tecnologías de la información crecen a un ritmo exponencial. Así, cabe esperar que los microprocesadores sean miles de veces más potentes en solo unos años.
A esta circunstancia hay que sumarle otra: la creciente capacidad invasiva de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, ya hay chips instalados en el ojo humano para recuperar la visión, o implantes cerebrales para devolver la audición.
A este paso, según el experto, en 2030 los nanobots se instalarán directamente en el cerebro. Será un punto de no retorno, un viaje sin billete de vuelta. Esta revolución cambiará nuestra forma de experimentar la realidad. Incluso, el concepto mismo de realidad. Cada vez pasaremos mayor tiempo conectados a la nube, y nuestras experiencias en la realidad virtual serán tan importantes como las del "mundo real".
En 2040, la mayoría de lo que experimentemos será virtual. No solo podremos hablar, leer o escuchar. También podremos sentir y leer los pensamientos de los demás. Todas las experiencias humanas se compartirán como nunca antes.
Para entonces, el debate consistente en distinguir entre realidad virtual y realidad física resultará anacrónico. Ambas realidades serán indistinguibles.

Raymond Kurzweil, experto en Inteligencia Artificial
 y autor del libro "La singularidad está cerca"

¿Seguiremos siendo humanos?
También cambiará el concepto de ser humano. Las personas asumiremos cada vez mayor cantidad de nanobots. En ese escenario, ¿qué tanto por ciento de nuestro organismo serán implantes? ¿En qué grado esta circunstancia determinará nuestra naturaleza humana? ¿Existirán híbridos humano-máquina en el futuro?
Aún más allá de estas disquisiciones, la propia idea de la muerte será profundamente transformada. Cuando nuestro organismo deje de existir, a buen seguro que existirá una copia de nuestra personalidad en la realidad virtual. Una copia con la que el resto de los internautas podrá seguir interactuando como si nada hubiese ocurrido. No importará si se trata de un 'bot' o un ente genuinamente humano. Será un punto de inflexión en la Historia. En palabras de  Kurzwell, "la Humanidad habrá trascendido la biología".
En este momento, el discurso del experto se torna mesiánico, cobrando un inesperado sentido espiritual. Es el gran valor de su teoría. No formula una serie de normas con un fin meramente utilitarista y mecanicista. La tecnología en este caso no es un simple recurso para resolver nuestros problemas del dia a dia. Es el camino para trascender, una perfecta coartada para la elevación mística.
En la otra cara de la moneda, se me antoja un futuro sombrío y deshumanizado, con millones de seres humanos perpetuamente conectados a máquinas, al igual que sucedía en la película Mátrix. Y se me ocurren mil cuestiones inquietantes. ¿Nuestra conciencia se expandirá o seremos aún más esclavos? ¿Quién custodiará ese sistema de sueños humanos? ¿Será un hombre o será otra máquina? 

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