La polémica que han suscitado las obras llevadas a cabo
en la emblemática catedral de la ciudad de La Laguna (Tenerife, Islas
Canarias), han servido para poner de relieve la inmensidad del patrimonio que
se oculta –literalmente– bajo el suelo y su desconocimiento, así como los
entresijos administrativos a la hora de gestionar determinados descubrimientos arqueológicos.
Los trabajos efectuados han dejado al descubierto, como
suele ocurrir cada vez que en la ciudad del Adelantado se levanta una piedra
del suelo, una serie de estructuras subterráneas con un posible valor
histórico. Era algo de lo que ya teníamos constancia cuando en mayo de 2011 nos
llegó una información sobre un gran
volumen a menos de un metro de profundidad en otra serie de trabajos en una
fachada del edificio. Esta nueva posibilidad ha hecho poner el grito en el cielo a los expertos de
la Universidad de La Laguna, ante la posibilidad de que la obra siguiera su
curso sin antes haber valorado la naturaleza histórica de tal hallazgo, algo a
lo que obliga la legislación vigente, tal y como ha alertado el historiador Álvaro Santana. Para el experto de la Universidad de Harvard, los trabajos
podrían poner a la intemperie incluso restos humanos u osarios, ya que podrían
afectar a un cementerio anexo a la antigua Iglesia de los Remedios, es decir
suelo sagrado, al margen de su valor arqueológico.
Por tanto, el historiador recuerda que según las
directrices de la UNESCO, cualquier obra en el subsuelo de una ciudad histórica
requiere por ley de una excavación arqueológica previa.
Para determinar el carácter histórico de un hallazgo de
este tipo, las instituciones deben emitir un informe elaborado por un técnico
cualificado que determine el valor real
del descubrimiento. En ocasiones, acceder al contenido a tales informes,
pese a que son públicos, resulta toda una odisea.
Bajo esta parte de la Catedral, varios operarios hallaron una cavidad subterránea en 2011 |
Ya dimos cuenta en este blog, hace unos años, del
descubrimiento por parte de los investigadores Fernando Herráiz y Jesús Tremps
del túnel de la calle Candilas. En junio de 2009, movimos los hilos para que el
descubrimiento fuera portada de algunos diarios locales. Entonces se abrió un
debate público sobre la finalidad de aquella obra subterránea excepcional, que
debería tener no menos de 400 años de antigüedad.
Herráiz elaboró una hipótesis que plasmaría en su libro
"La Laguna Oculta. Pasadizos y subterráneos" y que le supondría el
premio de Periodismo del periódico El Día, tras la publicación en este medio de
un jugoso artículo de investigación histórica. El investigador canario sostenía
que el túnel habría servido como pasadizo que habría facilitado el contrabando
de grano en épocas de hambrunas. La teoría fue expuesta con abundante
documentación histórica y sólidos argumentos. El Ayuntamiento de La Laguna,
obligado a mover ficha tras el anuncio del descubrimiento a través de los periódicos,
no encontró valor patrimonial en esta impresionante obra civil. Su dictamen fue
que se trataba de una antigua canalización de aguas, algo que según Herráiz no
casa con la magnitud de la estructura subterránea.
En cualquier caso, si esto era sí, tendría que estar
sustentado por algún informe técnico que así lo acreditara. Aquí es donde viene
la madre del cordero.
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El túnel subterráneo de la Calle Candilas. ¿Una simple canalización de aguas? |
En octubre de 2010, el periodista Héctor Fajardo y el
autor solicitamos en varias ocasiones al Ayuntamiento copia del informe, hasta
que dada nuestra insistencia se nos dió cita con la entonces concejala de
Patrimonio, Cruci Díaz. En el documento, según nos confirmaría Díaz, se
determinaba que la construcción no tenía ningún interés arqueológico o
histórico; era un simple desagüe de aguas. Al serle solicitado en aquella
ocasión dicho informe, se nos dijo que lo buscaría y lo pondría a nuestra
disposición esa misma mañana.
Pasaron las horas y el documento siguió sin aparecer. Un portavoz del
consistorio nos dijo que pasáramos más tarde por la oficina. Volvimos a eso de
las 12 y se nos dijo que no se había encontrado, que pasáramos la semana que
viene. El caso es que a la semana siguiente nadie sabía nada del paradero de
este documento.
Nos fuimos a la
Universidad de La Laguna, al Departamento de Prehistoria e Historia Antigua,
con quien el Ayuntamiento de La Laguna tiene un convenio para, en caso de algún
hallazgo en el transcurso de una obra pública, sean ellos quienes dictaminen el
valor del descubrimiento y si se debe parar dicha obra.
Hablamos con Juan Francisco Navarro, quien nos dijo que
ya estaba al tanto del descubrimiento del túnel y que por allí, preguntando por
él, ya habían pasado unas 30 personas. Para nuestra sorpresa, afirma que él se
desplazó personalmente hasta en dos ocasiones para examinar el túnel pero que
la empresa adjudicataria le impidió el acceso por motivos de seguridad. Finalmente
hablamos con María Luisa Cerrillos, directora del Plan Especial de Protección
del Casco Histórico de La Laguna, a quien tampoco le consta la existencia de
dicho informe y, de hecho, también nos confirma que nadie bajó al túnel por motivos de
seguridad.
Estas idas y venidas al final solo nos condujeron a dos
posibilidades: o el documento se extravió debido a una negligencia
incomprensible, o simplemente nunca existió.
En conclusión, en La Laguna estamos ante una
impresionante obra civil cuyo valor arqueológico jamás llegaremos a conocer en
toda su magnitud debido a algún tipo de misterio burocrático.
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