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Tres días antes de partir

Si la muerte constituye el mayor misterio al que por necesidad tiene que enfrentarse el ser humano, no lo es menos lo que sucede en los días previos a este momento. Enfermeros de todo el mundo llevan décadas viviendo, y algunos registrando, toda una serie de fenómenos que anuncian que el enfermo está a punto de partir: experiencias cercanas a la muerte, visiones de seres fallecidos, autoconciencia de la hora de la muerte, etc. Son experiencias que tienen lugar entre 48 y 72 horas antes del fallecimiento.
 De todo ello habla la periodista canadiense Patricia Pearson en su libro Opening Heaven's Door: What the dying tell us about where they're going, en el que pone el acento en los casos en los que el moribundo conoce con precisión el momento de su deceso.
  
"Es como si la cabeza conectara con algo"
Pearson habla de la historia de su hermana Katharine, enferma de cáncer. Durante los últimos días hablaba entre susurros con entidades invisibles. Su mirada se perdía durante horas en algún rincón de la habitación, como si estuviese viendo algo o a alguien, una situación que asustaba mucho a la familia. En ocasiones, se quedaba embelesada mirando haciendo el techo con una amplia sonrisa. Según la periodista, aseguraba estar contemplando el Cielo. Una de sus últimas noches recibió la visita de su padre, de quien no sabía que había fallecido unas semanas antes. 48 horas antes de morir, anunció que abandonaba su cuerpo.
Patricia Pearson, periodista y autora de un libro que profundiza
en los fenómenos pre mortem.

Es éste uno de los aspectos que más ha inquietado a los médicos que tratan a los pacientes que viven sus últimas horas: la certeza con la que hablan de su muerte inminente. Miguel Ángel Benítez, Jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital del Tórax (Santa Cruz de Tenerife), me comentó en cierta ocasión que ésta era una señal que se tomaban bien en serio los enfermeros. Además, me reconocía el desconocimiento de la Ciencia para poder explicar esta lucidez que se despierta en el moribundo, porque no es debida a ningún dolor o empeoramiento de su estado de salud. "Simplemente, es como si su cabeza conectara con algo", me explicaba Benítez.
El libro de Pearson recoge algunas de estas alertas sobre la muerte cercana. Entre la amplia casuística recopilada destaca la de aquellos enfermos que empiezan a hablar metafóricamente de un viaje. "Muchas veces, después de no haber dicho una sola palabra durante días, hablan de coger el abrigo para salir, sacar el ticket del tren, piden los horarios del próximo autobús, etc". Todo ello sin que nada haga pensar que su muerte se está precipitando. Sin embargo, en cuestión de dos o tres días, la persona acabará falleciendo.  
El área de Paliativos del Hospital del Tórax de Tenerife recoge
cada año decenas de casos de conciencia de la propia muerte 
Para los familiares estas expresiones alusivas a un viaje no dejan de ser una manifestación de algún estado febril, un delirio sin mayor importancia. Ellos realmente esperan una despedida explícita: un "te quiero"  o "cuida de los niños".
Sin embargo, los enfermeros de la UCI saben que estas palabras solo pueden reflejar una realidad inevitable: la próxima partida del enfermo.
David Kessler, experto en Cuidados Paliativos, después de observar este fenómeno en muchas ocasiones, acuñó un término: Conciencia de la Muerte Inminente.
"Suelen referirse a un viaje terrenal –aclara Kessler–. La gente en ese momento habla de hacer las maletas o de comprar un billete. No refieren carros bajando del Cielo ni viajes a la eternidad".
Cuenta el caso particular de un paciente de 96 años que insistía a su hija sobre un próximo viaje en coche: "Es el momento de irnos, quiero ser libre. ¿El coche está listo?". Cuando su hija le preguntaba hacia dónde debían ir, el enfermo respondió: "solo sé que el camino está enfrente de mí, y que el momento ha llegado". Poco después fallecía.
Como en otros casos, en el momento en el que el enfermo se expresaba de esta manera, sus valores de oxígeno en sangre así como la presión arterial no habían empeorado.

Conspiración de silencio
Para Miguel Ángel Benítez, las experiencias recogidas en el área de Paliativos del Hospital del Tórax de Tenerife tienen un gran valor para los enfermeros. Les dice que el desenlace está cerca. Sin embargo, se queja de la falta de comprensión que muestran en muchas ocasiones los familiares que visitan al paciente, para quiénes este tipo de historias son meras tonterías. "No es de extrañar–señala Benítez—, en una sociedad en la que la muerte no se vive con naturalidad y hay una conspiración del silencio en torno a este tema". Ciertamente, tendemos a anular estas experiencias calificándolas precipitadamente como meras supersticiones, avergonzándonos si las oímos a una persona cercana a nosotros, aunque se encuentre enferma, sin ser conscientes de que quizás sean éstas , y no otras, sus últimas palabras.
Benítez me asegura que antes estos fenómenos antes eran más frecuentes: "Si antes nos pasaba con 30 personas al año, ahora es con diez. Cada vez hay menos casos de personas con autoconciencia de la muerte. No sé muy bien por qué".
Apunta a posibles factores ambientales o a la propia medicación que hace que, como apunta el propio experto, la persona se muera sin ser consciente de este momento. Un momento que debería exigir el máximo respeto e intimidad, y que sin embrago le es arrebatado al enfermo por la química o, simplemente, por los tabúes sociales que impiden que el moribundo pueda partir tranquilo, autoconsciente y con la soledad que quizás requiera este instante.

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