Stranger things estaba llamada a convertirse en un fenómeno de masas desde el primer momento. En su diseño no ha faltado ningún ingrediente: personajes divertidos, estética retro y guiños constantes al cine de los 80 para captar a mayores de 40 ( y de paso a sus hijos), la música y, sobre todo, la historia. La historia es lo que verdaderamente atrapa de la serie. La premisa de la que se parte es que en el tranquilo pueblo de Hawkins un día tienen lugar una serie de perturbaciones sobrenaturales que tienen su origen en un perversa dimensión paralela a la que se alude como “el mundo del revés”.
Viajes en el tiempo y control mental
A su vez, este de punto de partida crea una serie de ramificaciones que sugestionan la mente del espectador. Esto incluye criaturas de otros mundos y experimentos secretos. Y es aquí a donde quiero llegar. Si a una trama fantástica le unes la posibilidad de que pudiese haber estado inspirada en hechos reales, la cosa se puede volver muy inquietante. Como suele ocurrir en las grandes historias, hay mucho de ficción y algo de realidad. Los hermanos Duffer idearon su universo a partir del extraño relato leído en un libro: The Montauk Project. Experiments in time de Preston Nichols (1992). De hecho, la serie iba a salir al mercado inicialmente con ese título, The Montauk Project. El nombre hace alusión a unas instalaciones secretas ubicadas en Long Island, en el estado de Nueva York, concretamente en una región conocida como Camp Hero.
Aquí se ubican un misterioso complejo militar en el que hay instalada una llamativa antena de gran tamaño, muy similar al edificio de la perversa corporación que experimentaba con niños en las inmediaciones de Hawkins. Al parecer, la base se habría levantado después de la Segunda Guerra Mundial, entrando en el periodo de la Guerra Fría, con el objetivo de monitorizar las actividades de los soviéticos en el Atlántico. Sin embargo, algo más debió de suceder entre aquellas paredes, si atendemos al extraordinario relato que Nichols hace en su libro. Allí habrían tenido lugar toda suerte de experimentos relacionados con el control mental y, atención, viajes en el tiempo. El autor no aporta pruebas de lo que cuenta y, pese a que todo está escrito como si se tratara de una investigación periodística, también advierte al lector que si no está dispuesto a creer lo que hay en esas páginas decida tomárselo como una novela de ficción.
Instalaciones de Camp Hero, sede del Proyecto Montauk |
Nichols cuenta la historia Al Bielek, quien habría sido víctima de tales experimentos. Un día en Bielek se despiertan una serie de recuerdos que le hacen llegar a la conclusión de que él es otra persona. Su verdadero nombre sería Edward Cameron y había viajado en el tiempo desde 1943, cuando servía la Marina de Estados Unidos en un acorazado. Bielek (o Cameron) había viajado en el tiempo hasta el presente gracias a un agujero de gusano creado por el gobierno con un propósito desconocido. Esos recuerdos habrían sido reprimidos por los experimentadores hasta que un día afloraron a su conciencia.
La narración de Nichols sobre la odisea de Bielek recuerda mucho al denominado Experimento Filadelfia, un proyecto secreto del gobierno para desarrollar tecnología que fuese capaz de teletransportar personas y vehículos. De hecho, los defensores de la existencia de este experimento suelen hablar de la historia de la desaparición del destructor escolta USS Eldridge, en los astilleros de Filadelfia, el 28 de octubre de 1943, con el objeto de probar estos avances. Nada de esto está comprobado, claro, pero el hecho es que existe en la mitología de los proyectos negros de quienes mueven los hilos del mundo.
El caso es que, al parecer Nichols vio una famosa película basada en esta historia y que precisamente se llama así, El experimento Filadelfia (producida por John Carpenter y estrenada en 1984), y en él afloró un extraño recuerdo oculto en la memoria hasta ese momento. Nichols pensó que él mismo había sido víctima de algún oscuro ensayo, y esa fue la principal inspiración para escribir su libro.
Localización de las instalaciones militares de Camp Hero |
Al margen de especulaciones, lo que sí está sobradamente demostrado es la implicación de los servicios de inteligencia estadounidenses en oscuros experimentos con la población civil. El conocido como MK Ultra fue un ambicioso proyecto de control mental desarrollado por la CIA en la década de los 50. El objetivo principal era el desarrollo de técnicas de interrogatorio eficaces, Las herramientas empleadas eran la hipnosis, el LSD, el aislamiento sensorial, incluso la tortura.
En los círculos más conspiranoicos se generó la idea de que el fin último de MK Ultra era el de crear un “candidato manchuriano”, es decir, un sujeto controlado a distancia que pudiese infiltrarse en determinados círculos, incluso cometer asesinatos. Mark David Chapman, asesino de John Lennon, o John Hinckley, que intentó acabar con la vida de Ronald Reagan, eran sospechosos de estar bajo control mental.
Durante los años 70, las andanzas de los de MK Ultra empezaron a llegar a los inquietos oídos de la opinión pública. Y en 1975, en el Senado de Estados Unidos, se hizo una audiencia para escuchar los relatos de los participantes y víctimas de esta operación. En ese momento se conoció el alcance de tales prácticas. Implicó nada menos que a 80 instituciones: universidades, hospitales, cárceles, y a cerca de 200 investigadores que, en su mayoría, desconocían los fines últimos de MK Ultra. Ni siquiera habían oído hablar de aquellos planes. MK UIltra se introdujo durante dos décadas en innumerables edificios públicos, creando a largo plazo una cultura en la que, al final, muchos cooperaban desconociendo los objetivos y sin hacer preguntas.
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Once, al igual que los participantes del proyecto Stargate, también podía localizar a personas a distancia |
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