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Mad man in Waco



Durante estos días se cumple el 26 aniversario del inicio del asalto por parte del FBI al rancho de Waco en el que se alojaba la secta conocida como “rama davidiana”, una escisión de los Adventistas del Séptimo Día. El suceso sigue vivo en la memoria colectiva por el dramático resultado. Tras 51 días de asedio, murieron 76 personas como consecuencia de un incendio cuyo origen, a día de hoy, sigue sujeto a especulaciones.
A mi modo de ver, David Koresh, el líder del grupo, era el primer convencido. No era para nada un charlatán al uso o un vendedor de crecepelos. Tenía una visión para su comunidad y quería materializarla. Pero, sobre todo,  Koresh quería trascender de alguna forma. Eligió la religión, pero podía haber sido la música. Ese carácter narcisista, tan común en los líderes sectarios, le convirtió en una protoestrella del rock, como dejó patente en una serie de grabaciones de audio que realizó, junto a su banda, durante los días en los que él y su comuna estuvieron recluidos.

Rock mesiánico
Uno de los grandes archivos de la Humanidad, Youtube, puede permitirle a uno seguir indagando y no dejar de sorprenderse. Solo en esta época en la que ya todo, absolutamente todo, queda registrado, hemos podido asomarnos a las inquietudes musicales de Koresh y descubrir que se trataba de un tipo talentoso. No solo era un gurú carismático con un discurso potente y grandes habilidades retóricas. También podía tocar la guitarra y cantar como si se dedicara profesionalmente a ello.
Se trata de un aspecto que queda bien reflejado en la serie “Waco”, estrenada recientemente en Paramount Channel, con un excepcional Taylor Kitsch haciendo de David Koresh.
Como gran melómano que soy, al margen de un curioso de las intrahistorias del rock, he podido asombrarme y disfrutar con las composiciones de la banda de Waco (desconozco si tenían algún nombre artístico). Creo que esta parte de la historia del asalto a Monte Carmelo, lejos de ser meramente anecdótica, puede aportar pistas fiables sobre la deriva de los davidianos y, probablemente, sobre su trágico final.
La música fue un vehículo para canalizar las ansiedades del grupo y de Koresh en particular. Un medio que le permitió hablar con el mismísimo Dios. Si el FBI hubiese accedido al contenido de estas canciones, quizás hubiese modificado a tiempo su nefasta estrategia de asalto final. Quizás, ello se hubiese podido conseguir por parte del negociador Gary Noesner, un tipo tremendamente receptivo con las exigencias y reivindicaciones de los davidianos.
Como ejemplo, baste el tema con el elocuente título “Mad man in Waco” (Un hombre loco en Waco), cuya letra reproducimos:

There's a mad man living in Waco.
Please, please, please won't you listen?
It's not what it appears to be.
We didn't want to hurt anybody,
Just set our people free.

In the night of the darkness
We're risking our lives for the lord.
We're helping our women and children
Into their houses restore.

Chorus:
There's a mad man in Waco
Bowing his knees to Baal.
Won't you help, Mr. Sheriff?
So we won't fail.
This is for the little children
God knows how it should be.
Stars and stripes are plying.
Give us justice and liberty.

Chorus:
There's a mad man living in Waco
Praying to the prince of hell.
Won't you help us Lord, now,
To pay our bail.

David Koresh era el líder de un grupo religioso y de una banda de rock

 
El líder de los davidianos se explica y se justifica (“No queríamos lastimar a nadie, solo liberar a nuestra gente”) en una clara lectura bíblica (“Estamos arriesgando nuestras vidas por el Señor” o “Hay un hombre loco en Waco, inclinando sus rodillas ante Baal”). Los davidianos asumen su condición de mártires y, bajo la visión de Koresh, la catástrofe es inevitable. El 19 de abril se desata el apocalipsis en Monte Carmelo y se cierra el círculo, dándose por cumplidas las profecías del líder de la comunidad.

Guerra Psicológica
En el caso de los davidianos, la música fue un recurso para infundir ánimos y resistir las amenazas del exterior. Pero no deja de ser curioso que el FBI empleara técnicas similares para amedrentar a la comuna.
El 12 de marzo, tras dos semanas de asedio, entró en escena la guerra psicológica o psyops (operaciones psicológicas), una perversa herencia del infame proyecto Mk Ultra para manipular la voluntad de las personas por parte de la CIA. A los habitantes de Monte Carmelo se les cortó la luz pero también se instalaron unos potentes focos que iluminaban la casa día y noche, una táctica para cansar al adversario, que no podría conciliar el sueño, y facilitaría su rendición.
A esto había que sumar una serie de estridentes ruidos, mezclados con una música indefinida. El ruido del FBI se usó para atacar, y la música de David Koresh para resistir. El plan no dio resultados. Solo provocó que el atemorizado grupo se encerrara aún más en sí mismo y se negara a abandonar el rancho.
No era la primera vez que Estados Unidos, ya fuera por medio de sus cuerpos policiales, militares o de inteligencia, empleaba este tipo de recursos. Para bien o para mal, dio los resultados esperados durante el encierro del exdictador Manuel Antonio Noriega en la embajada del Vaticano en Panamá. Corría el año 1989, y Noriega había pasado de ser aliado de los yankies a su principal enemigo. Las psyops incluían la emisión, a través de potentes altavoces apostados en las inmediaciones del edificio, de música heavy metal. El repertorio no fue casual y las canciones fueron seleccionadas por el contenido de sus letras. Sonó “Paranoid” de Black Sabbath, “Panamá” de Van Halen y otras de Guns n´Roses, The Clash y U2. En la tristemente famosa cárcel iraquí de Abu Ghraib, durante la ocupación de Estados Unidos en 2003, la policía militar de este país y contratistas militares torturaron a los presos poniéndoles durante 24 horas al día canciones de Metallica y la famosa sintonía de la serie infantil Barrio Sésamo.
Algunos artistas han protestado debido a este uso de sus canciones. Es el caso del que fuera frontman de la banda Rage against the machine, el combativo Zack de la Rocha, tras ser consciente de que algunas de sus canciones se habían empleado en Guantánamo. Sin embargo, James Hetfield (Metallica) no pareció tomárselo tan a mal. Llegó a declarar con cierta sorna que “si ellos habían torturado con su música durante tantos años a sus familias y amigos, ¿por qué no iban a hacer lo mismo con iraquíes?”.



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