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Recibir el libro "Los diarios de Turner" me
produjo una sensación extraña. Era como si al abrir ese paquete que me llegaba
por vía postal fuesea descubrir un peligroso artefacto explosivo de relojería.
O estuviese a punto de recibir una mercancía prohibida. O más extraño aún, es
como si en ese momento fuese a formar parte de un pacto maldito con su autor.
Con su autor y con quienes antes que yo se habían hecho con una obra que
inspiraría siniestros planes. Como si formara parte de una comunidad secreta
que tenía las manos manchadas de sangre.
Y no lo voy a negar, en ese momento sientes el poder que
transmite el libro. Un poder que inspiró algunas de las más sanguinarias
acciones de las últimas décadas. Porque "Los diarios de Turner" habla
de revolución y de levantarse contra los poderes establecidos. Pero ojo, hay
que tomar distancia y analizar con métodos quirúrgicos una obra que, lejos de
ser un relato épico y glorioso, constituye un manifiesto antisemita, racista y
violento que, desgraciadamente, podría estar más en boga que nunca en los
tiempos que corren.
"Terrible,
pero absolutamente necesario"
"Los diarios de Turner" fue publicado en 1978
por William Luther Pearce, aunque bajo el pseudónimo de Andrew Macdonald. Está
escrito como si fuese el cuaderno de bitácora de un ciudadano de a pie que un
buen día recibe la llamada de la guerra. Según el relato, los hechos descritos
serían publicados en el año 2105 por parte de un régimen totalitario de
ultraderecha, en honor a su protagonista Earl Turner. Aunque todo comienza en 1989,
cuando un grupo de negros, según las palabras de Turner, irrumpe en su
apartamento, dentro de una operación de decomiso de armas.
Según la ficción, la Ley Cohen, aprobada ese año por el
Congreso de Estados Unidos privaba a los ciudadanos estadounidenses de uno de
sus derechos fundamentales. Por tanto, el fabuloso revólver Magnum 357 de
Turner acabó en un depósito gubernamental junto a otros miles de armas.
Siguiendo el relato, fue tal la envergadura de la operación que no había
calabozos suficientes para dar cabida a tantas detenciones, convirtiendo
canchas deportivas en campos de concentración.
Turner, un hombre normal de 35 años con un trabajo
rutinario, decide sumarse a un grupo insurgente para iniciar la Gran
Revolución, y así librar a Estados Unidos de los judíos y negros que representaban
aquella tiranía. Una tiranía que articulaba horrores como el control social
mediante un documento de identidad obligatorio, una registro de alquileres, la
organización de comandos israelís que asesinaban estadounidenses, un sistema
capitalista que esclavizaba al pueblo o el control por parte de los judíos de
los medios de comunicación.
Así, Earl Turner se convirtió en guerrillero el 16 de
septiembre de 1991. Al principio, ejecutaba sus acciones con torpeza y con
dilemas morales, para finalmente llevar a cabo actos sangrientos, como el de
asesinar a un líder judío con un hacha, bajo la consigna de "hacer daño
quien se lo tuviera merecido".
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En esta guerra entre su grupo, que se hace llamar la
Organización, y el Sistema, se infiltran en el gobierno haciéndose pasar por
"progres", y cometen atentados como hacer estallar furgonetas con
explosivos delante de edificios federales.
En realidad, la Organización no es un mero grupo de
fanáticos que actúan se forma aislada, sino que están dirigidos por el inner secret circle, también conocidos
como La Orden, que vendría a ser una reorganizada SS.
Esta violencia descrita como "terrible, pero
absolutamente necesaria", alcanza su clímax el Día de la Cuerda, cuando
llevan a cabo ejecuciones públicas de homosexuales y judíos en las calles de
Los Ángeles. Este tipo de acciones acabarán extendiéndose por el resto del mundo.
La Organización acabará ganado la guerra en 1999, después
de provocar una guerra atómica con la URSS. Miami, Nueva York y Baltimore
acabarán siendo alcanzadas por las bombas nucleares de los comunistas.
Al final en Estados Unidos, solo quedarán 50 millones de
personas. Tras cinco años de anarquía y reestructuración del estado,
sobrevivirá un régimen totalitario y fascista que controlará no solo el
continente americano, sino Europa y parte del resto del mundo.
Según se puede leer en el libro, "a 110 años del
nacimiento de El Gran Hombre, el mundo solo es habitado por blancos y
mutantes". Éstos últimos sobrevivirán entre las ruinas de la guerra. Y sí,
el Gran Hombre es Adolf Hitler.
Este espeluznante relato supremacista es contado como una
inocente fábula, de una manera sencilla y ágil lo que lo hace accesible a gente
que con escasa formación intelectual y con inquietudes racistas. De hecho, se
ha convertido en una obra de culto entre un amplio sector de la ciudadanía con
tendencias a la ultraderecha, en particular en algunos condados del sur de
Estados Unidos donde aún se ve al Gobierno Federal como un enemigo, hay una
exaltación del estilo de vida fronterizo y, en muchos casos, las comunidades se
organizan en milicias paramilitares.
La narración va seguida de un discurso político nada
discreto en el que se hacer saber al lector americano que su situación es
debida a la falta de de mano dura por parte de las instituciones federales
respecto a los inmigrantes y que como sigamos a este paso, "el gran
experimento de Dios se acabará, y una vez más este planeta se moverá a través
del universo, como hizo hace millones de años, desprovisto del hombre, de un
Hombre Superior".
La solución de los problemas sociales pasa por reforzar
la identidad racial y alejarse del discurso liberal e integrador que, según la
propuesta de a novela, está plagado de falacias.
Tres toneladas de
nitrato de amonio
Sabía de la existencia del libro en relación al atentado
bomba contra edificio del FBI en Oklahoma, el 19 de abril de 1995. Se ha
publicado que su perpetrador, el ex
militar Timothy McVeigh, tenía un ejemplar que fue localizado tras un registro
policial. Pero lo que me ha sorprendido es que la obra también pudiese estar
detrás de un reciente suceso violento que acabó con la vida de una diputada
británica. Jo Cox, de 42 años, perteneciente al partido laborista y contraria
al Brexit, fue asesinada por un fanático al grito de "Britain
first!", según testigos presenciales, el 16 de junio de 2016.
El acto salvaje llevado a cabo por Tommy Mair no fue algo
casual o espontáneo. Estuvo siguiendo a su víctima durante semanas. Cuando Cox
bajó de su vehículo para un encuentro con unos vecinos de Birstall, en plena
vía pública, Mair le pegó tres tiros con una escopeta de caza y a continuación
le asestó hasta 15 puñaladas.
Algunos detalles de la investigación permitieron deducir
que estábamos ante un delito de odio. En un registro en la casa de Mair se
halló abundante literatura de extrema derecha, por ejemplo, un ejemplar de Los
diarios de Turner. También se comprobó su filiación a Alianza Nacional, una
organización ultranacionalista y supremacista estadounidense fundada
precisamente por William Luther Pierce, el autor de la obra.
Los investigadores descubrieron que Mair había gastado
hasta 600 dólares en comprar libros a Alianza Nacional, posiblemente la mayor
editorial del mundo en obras orientadas a la ultraderecha. Entre algunos de los
títulos encontrados estaban "Cómo construir una pistola casera y
munición", "Química de polvos explosivos",
"Incendiarios", "Manual de municiones improvisadas" o
"Ich Kampfe", manual ilustrado que se entregaba miembros del partido
nazi en 1942.
El asesino sería condenado a cadena perpetua. El jurado
consideró que el crimen "fue inspirado por el supremacismo blanco y el
nacionalismo excluyente, lo que está asociado con el nazismo en sus formas
modernas".
Lo importante en todo este asunto es que estamos en una
época caracterizada por el auge de los extremismos, en particular, de la
extrema derecha, y de los discursos nacionalistas. Con este caldo de cultivo es
fácil que una obra como Los diarios de Turner pueda prender la mecha y tenga
lugar un acto violento.
El libro es un perfecto manual del insurgente. Se trata
de la enseñanza standard, por ejemplo, de los integrantes de las milicias
patriotas estadounidenses, otro problema latente al que tarde o temprano tendrá
que poner coto el gobierno federal de ese país.
Explica de forma pedagógica cómo un grupo disidente puede
reclutar, financiarse, armarse, resistir interrogatorios, soportar torturas y
armar microcélulas de lobos solitarios. También a fabricar bombas.
Es inquietante comprobar cómo, en el capítulo V, se explica,
con casi tres lustros de antelación, el atentado del edificio del FBI de
Oklahoma de 1995.En el caso de la obra de Pierce, si bien no se cita, todo hace
pensar en el edificio J. Edgar Hoover, en Pensilvania, como objetivo. Sin duda,
McVeigh, el terrorista de Oklahoma, intentó reproducir lo descrito en el libro.
Se utilizaron cantidades similares de explosivos, unas tres toneladas, y el
mismo componente: nitrato de amonio. El material iría dentro de una furgoneta
situada en las proximidades del edificio con el objeto de derribar su fachada,
El estremecedor resultado del atentado de Oklahoma ya lo conocemos: 168
muertos, entre ellos 19 niños. Cerca de 90 coches quedaron quemados. La
explosión se pudo escuchar a cerca de 40 kilómetros de distancia. William
Luther Pierce sabía qué estaba contando cuando planteó ese terrible escenario
en su narración. Las consecuencias tanto en la ficción como en la realidad
fueron catastróficas. No había duda, el autor estaba imbuido en la cultura de
la insurgencia.
Llegados a este punto conviene explicar las motivaciones
de Timothy McVeigh para desatar semejante barbarie. La fecha elegida para cometer su acción no
fue casual. Ese día se cumplía el segundo aniversario del desastroso asalto del
FBI al rancho de Waco para desarticular a los miembros de la rama davidiana.
Como es bien sabido, el motivo que dio lugar a esta crisis fue la intervención
de la ATF (Agencia federal de Alcohol, Tabaco y Armas de fuego) debido que los
sectarios habían adquirido y manipulado indebidamente armas automáticas.
Una fecha grabada en la psique de los defensores de la
libertad a portar armas de fuego, de los paramilitares de las milicias
americanas, y, en definitiva, de los "verdaderos patriotas". Aquel
suceso supuso un punto de inflexión en el debate de las armas, relacionado con
un derecho percibido como sacrosanto por parte de muchos ciudadanos
estadounidenses. La Segunda Enmienda a
la Constitución de los Estados Unidos expresa de manera meridianamente clara
que ni el gobierno federal de los Estados Unidos ni los gobiernos estatales ni
locales pueden infringir el derecho
portar armas. Para muchos se trata de la máxima expresión de la libertad
individual. Los defensores de la Segunda Enmienda suelen rechazar cualquier
intromisión del gobierno en sus propiedades privadas, la imposición de tasas
fiscales o experimentos como una sanidad pública, que son percibidos como
auténticas aberraciones del sistema.
Esto nos lleva al eje central de la trama de Los diarios
de Turner, lo que propicia toda la acción: La Ley Cohen que fiscalizaba la
propiedad de las armas.
Lobos blancos
El atentado de Oklahoma convirtió a la obra de Pierce en
el libro maldito de la ultraderecha, aunque antes de que McVeigh pensara en
ejecutar semejante barbarie, la historia ya había inspirado algunos episodios
violentos.
En la década de los 80, propició la aparición de un grupo
nacionalista: la Hermandad Silenciosa, también conocidos como La Orden, una
organización delictiva que fue acusada de un delito de falsificación de
billetes y llevó a cabo varios robos de banco. Su líder, Robert Jay Mathews,
tenía una copia del libro.
En mayo de 1999, un ingeniero de 22 años fue acusado de
cometer tres atentados racistas en Londres. David Copeland hizo estallar tres
artefactos con clavos en un periodo de dos semanas. Las explosiones tuvieron
lugar en barrios con presencia negra y asiática y en un bar de ambiente gay.
Desde el primer momento, Scotland Yard sospechó vínculos neonazis.
El atacante operó solo. La figura del lobo solitario,
tantas veces adjudicada a los atentados de corte yihadista, tiene claros
antecedentes en las acciones violentas que vienen desde la extrema derecha.
Algo que tristemente pudimos comprobar recientemente tras el tiroteo en Nueva
Zelanda que se inició en una mezquita dejando más de cincuenta muertos.
Los expertos consideran que estos individuos también se
pueden organizar en células independientes sin conexiones aparentes con otros
grupos con la misma ideología.
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"Los diarios de Turner" es uno de los libros de cabecera de las milicias patriotas de Estados Unidos. En la obra se enseña a reclutar, fabricar bombas y resistir interrogatorios. |
Los Lobos Blancos era una organización fascista muy
activa en Inglaterra durante los años 90 que consideraba lo siguiente:
"cuando termine 1999, los judíos y los no blancos que queden en el país
serán exterminados". 1999 es precisamente el año en el que, según la
ficción de Los diarios de Turner, los
blancos ganan la batalla en Estados Unidos. En realidad, todas estas ideas
tienen unas connotaciones muy milenaristas. El hecho de que se haya elegido este
año como el fin de una era y el comienzo de otra, tras una cruenta revolución,
así parece sugerirlo. Desafortunadamente, el cambio de milenio conllevó una
lista demasiado larga de víctimas que creían ciegamente en el advenimiento de
un nuevo mundo.
En un principio se sospechó la pertenencia de Copeland a
los Lobos Blancos aunque esto no se pudo confirmar. En cualquier caso, estos
atentados alentaron la actividad de otras formaciones de extrema derecha
durante esa década, entre las que podemos citar: el Frente Nacional, surgida
hace más de 60 años. la Tercera Posición Internacional , fundada en 1991 por un
fascista italiano, la Liga de San Jorge o Combat 18. El 1 y el 8 coinciden en
el alfabeto con las siglas de Adolf Hitler.
Los violentos acontecimientos de Londres no fueron los
únicos inspirados por Los diarios de Turner. El 4 de febrero de 2006, el odio
hacia los homosexuales de Jacob Robida le llevó a atacar a tres personas que se
encontraban en un bar. Sucedió en New Bradford, Massachusetts. Robida, que
tenía 29 años en el momento de los hechos, entró en el bar Puzzle Lounge
totalmente vestido de negro. Lo hizo con identidad falsa. Tras preguntar al
camarero si aquello era un bar gay, le clavó un hacha en le cabeza. Después
sacó un arma de fuego y, en su huída, hirió a dos personas más. Cuando su
vehículo fue alcanzado por la policía, disparó a bocajarro contra dos agentes
acabando con la vida de Jennifer Rena. Después intentó suicidarse disparándose
en el cabeza y más tarde fallecería en el hospital.
La policía trató el asunto desde el primer momento como
un delito de odio. Tras un registro en el domicilio del asesino, se encontraron
expresiones nazis y antisemitas en la pared. En una cuenta de MySpace hallaron
intereses en el neonazismo, y algunas versiones apuntan a un ejemplar de Los
diarios de Turner entre sus pertenencias.
Un visionario
supremacista
Pero, ¿quién era William Luther Pierce, el autor de este
incendiario manifiesto antisemita y racista?
Nació en 1933, en Atlanta, Georgia, y falleció en 2002.
Fue doctor en Física en la Universidad de Oregón y fundador de Alianza Nacional,
una de los principales organizaciones supremacistas de Estados Unidos. Fue
descendiente de Thomas H. Watts, gobernador de Alabama y con un importante
papel en los movimientos de secesión de ese estado.
Pierce. tras el éxito de Los diarios de Turner, escribió
Hunter, en 1984, que relata las acciones de un lobo solitario con ideología de
extrema derecha.
Sus camino hacia la militancia ultranacionalista comenzó
en 1966 cuando se unió a la John Birch Society, una organización de derechas,
moderadamente antisemita y anticatólica. Fue una etapa en la que empezó a leer
muchos libros de Historia y Biología.
Cierto día, decidió escribir a George Lincoln Rockwell,
líder del Partido Nazi Americano. Éste le respondió con otra carta redactada
con su puño y letra, algo que impactó a Pierce ya que consideraba que ésta era
precisamente la mejor forma de adoctrinamiento. Desde entonces, se convertiría
en un militante full time de esta
organización.
Su siguiente paso en esta escalada fue unirse a Alianza
Nacional Joven, en 1970, donde promovió
una escisión en 1974 para dar lugar a Alianza Nacional. Durante esta época
también se erigirá en sacerdote de la Iglesia Cosmosteística, una extraña
religión en la que se abrazaban el cristianismo protestante y el racismo
biológico.
En 1985, se muda a una granja de 180 hectáreas en West
Virginia, lejos de la larga mano del gobierno federal, evitando allanamientos
inesperados y espionajes. Empleó un staff
de una veintena de trabajadores a tiemplo completo. Mantuvo una frenética actividad
que, entre otras cosas, incluía el contacto con otras organizaciones de extrema
derecha del mundo.
Aquí funda la mayor editorial neonazi del mundo. Es aquí
donde reside la herramienta más peligrosa de la actividad de Alianza Nacional:
Esa capacidad de llegar al gran público a través de libros, revistas, emisiones
de radio, internet y producciones discográficas. Pierce no tuvo reparos en
emplear la cultura para hacer llegar su mensaje, muchas veces oculto en
inocentes producciones que aparentemente solo pretendían entretener.
En su show semanal de radio no tenía pelos lengua y
hablaba abiertamente de las maniobras del sionismo para apoderarse del mundo.
En 1999 compra dos discográficas escoradas a la ultraderecha: Resistance
Records y Nordland Records. Ambas producían discos a grupos cuyas letras
exaltaban el nacionalismo y la importancia de la raza.
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William Luther Pierce, autor de "Los diarios de Turner" y pontífice del pensamiento supremacista americano. |
Una de las adquisiciones estrella de Resistance Records
fue la banda noruega Burzum, icónica de la escena black metal de la década de los 90, y tristemente famosa al
conocerse que su líder asesinó a un miembro de una banda rival. Burzum
reivindicaba (reivindica, sigue en activo) un regreso al paganismo nórdico y,
de hecho, estuvo envuelta en algunos episodios de quema de iglesias. Adoptó
como emblema la runa algiz, símbolo
anteriormente adoptado por el Tercer Reich en la firma de muchos documentos.
Esto nos lleva a la idea de que, al igual que ocurre con
los libros, sucede con la música. Es un elemento perfecto para reclutar y
adiestrar. Así fue como Pierce fue engrosando sus filas y sus arcas.
En 2002, año de fallecimiento de William Luther Pierce,
Alianza Nacional ganaba más de un millón de dólares al año. Con la muerte de su
fundador llegó el declive, convirtiéndose en algo residual. Una visita a su
página web puede ser algo inolvidable.
En la cabecera puede leerse el nombre de la organización
acompañada por la citada runa algiz
de claras reminiscencias nazis. La página principal está llena de buenas
intenciones hablando de un mundo mejor, mostrando bonitas imágenes de una
familia en el campo, todos muy rubios y muy arios. Si navegas por la sección de
noticias, verás un catálogo de titulares racistas, anticomunistas y
abiertamente pro nazis: "La Segunda Guerra Mundial: Los alemanes
intentaron evitarla", "Dominio humano sobre la naturaleza: Un
psicópata judío empezó por el Génesis", "Inmigración en masa=Genocidio",
etc. Puedes ver vídeos de negros pegándose en la calle, acusaciones
grandilocuentes de pedofilia a líderes judíos y críticas al multiculturalismo.
También hay un artículo en el que se puede leer que, según un estudio, el
aumento de la oxitocina en el cuerpo refuerza los sentimientos de amor, empatía
y solidaridad y que, por tanto, la consecuencia lógica de esto es la discriminación
del diferente. El título es "La solidaridad racial es el amor" y
tiene mucho que ver con el racismo biológico tan del gusto del autor de Los
diarios de Turner.
Una obra como Los
diarios de Turner tiene una vigencia aterradora. Los tiempos de la moderación
han cambiado y la gente quiere soluciones claras y contundentes a los
problemas. El fundamentalismo es una vía rápida para este objetivo. Estos
anhelos pueden verse fácilmente representados en "hombres fuertes"
como Donald Trump, por citar uno de muchos ejemplos, que parece sacado de la
propia novela de Pierce. La ficción está protagonizada por una serie de
personajes con una gran determinación, cuya visión de la vida está influenciada
por una versión hardcore del
darwinismo biológico. Para esta gente
todo es muy sencillo: el más fuerte gana. Y además aceptarán que durante el
camino habrá un reguero de cadáveres, posiblemente inocentes. Porque cualquier
causa exige sacrificios. Al final todo es tan simple como que el fin justifica
los medios.
Los diarios de Turner refleja acertadamente el
pensamiento supremacista americano. Las horrorosas imágenes recientes en las
que los hijos de inmigrantes son separados de sus padres a la llegada a la
frontera son una estampa escalofriante que nos retrotraen a tiempos pasados.
Una maniobra de tantas enmarcada en un discurso de odio que la sociedad
estadounidense no recuerda a ningún otro presidente de la Historia. Sin ningún
tipo de diplomacia ni de habilidad política, se asume que el extranjero es una
tara para la sociedad. Se le despoja de toda dignidad, se le deshumaniza. Si su
piel es de color oscura, con más razón. "¿Por qué no podrá venir a nuestro
país gente de Noruega?", se lamentaba el actual presidente de los Estados Unidos
en enero de 2018, en una reunión con su gabinete.
Si al final los medios de comunicación denuncian las
maniobras del presidente, será tan simple como satanizarlos y llamarlos
mentirosos. Para los "revolucionarios" de Los diarios de Turner, los
periódicos eran el origen de todo mal, y no dudaron en atentar contra el
Washington Post lanzando granadas a través de las ventanas de la redacción y
acribillando a los periodistas en la puerta de su casa.
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