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Extraterrestres malvados


"Si los extraterrestres nos visitaran, el resultado sería más importante que cuando Cristóbal Colón llegó a América, algo que no resultó positivo para los amerindios. Unos extraterrestres evolucionados quizá podrían haberse hecho nómadas y querer conquistar y colonizar los planetas que fueran conociendo". Ésta es la reflexión que recientemente ha hecho el popular cosmólogo Stephen Hawking en un programa del canal de televisión Discovery Channel. Bajo esta perspectiva, el ser humano debería preferir no establecer contacto con civilizaciones alienígenas o caeríamos bajo el yugo de las mismas.
El científico cree que dicho contacto es muy complicado pero no hay que descartarlo. En un universo en el que tienen lugar miles de millones de galaxias, con miles de millones de estrellas cada una, podría ser factible que, si la vida ha aflorado en algún otro lugar, ésta se haya desarrollado hasta alcanzar la inteligencia y generar tecnología suficiente como para desplazarse por el espacio.

Si algún día, recibiésemos alguna señal de una cultura extraterrestre (por ejemplo, de radio o algún impulso láser), esto sólo podría indicar que esa vida estaría tan alejada de la Tierra, que comenzó a evolucionar como civilización hace mucho tiempo; tanto, que a día de hoy, dispondrían de medios de transporte inimaginables. Aún con todo, los vehículos usados por los extraterrestres deberían atenerse a las leyes conocidas de la Física para viajar. Esto significaría que les llevaría un tiempo considerable llegar hasta nuestro planeta.
Pero ¿y si ese viaje se inició hace ya mucho tiempo? ¿Qué ocurriría cuando llegaran a la Tierra?
Para algunos científicos, las palabras de Hawking resultan demasiado pesimistas y denotan una visión desesperanzadora sobre la forma en que interactuarían distintas civilizaciones que existieran en una galaxia. Al igual que ha ocurrido a lo largo de la historia de la Humanidad, estarían abocadas al conflicto. Pero esto es algo que sólo podemos contemplar si tomamos como referencia el único modelo conocido, es decir, la manera en que se han desarrollado los acontecimientos históricos en nuestro planeta.
Las palabras de Hawking en este sentido no han sido las únicas. Al respecto ya se han pronunciado otras voces, como la del eminente paleontólogo Conway Morris para el que la vida inteligente en otros mundos, de haber tenido lugar, se podría haber desarrollado de manera similar a como ha acontecido en la Tierra. Por esta razón, según su opinión, los extraterrestres serían tan envidiosos y violentos como los propios humanos, con lo cual, sería inevitable la competencia por los recursos y los conflictos que ello conllevaría.
Además, el astrónomo del observatorio de Greenwich, Marek Kukula, cree que “asumimos que si hay vida inteligente ahí fuera, tiene que tratarse de seres sabios y benevolentes pero, por supuesto, que no hay pruebas de eso. Dadas las consecuencias que un contacto puede tener, necesitamos que los gobiernos y las Naciones Unidas estén implicadas en cualquier discusión”.
Por otro lado están quienes consideran, no sin gran parte de razón, que esta visión de los extratrrestres hostiles proviene de la cultura; de la literatura y, sobre todo, del cine. Series de televisión como “V” (actualmente se está emitiendo un remake de la original, que viera la luz en los ochenta) y películas como “Independence Day” (Roland Emmerich, 1996) plantean la llegada de unos unos alienígenas colonizadores y agresivos que pretenden apropiarse de los recursos de la Tierra.
En otros casos, las oscuras motivaciones de los invasores son de naturaleza meramente científica, al usar a los humanos como cobayas y a la Tierra como laboratorio, con el propósito de propiciar un intercambio sexual que diera lugar a una especie híbrida
Pero la primera piedra de esta construcción cultural la pondría, hace más de cien años, “La guerra de los mundos” de H.G. Wells. El autor proponía un asedio marciano a la Tierra en el que grandes máquinas de tres patas sembraban el terror con sus rayos de calor y sus gases venenosos.
La historia, que pretendía ser una crítica a la Inglaterra imperialista de finales del siglo XIX, se había escrito en medio de un clima de descubrimientos científicos inquietantes y que abrían horizontes insospechados. Algunos de estos hallazgos nos remitían a nuestro vecino planeta Marte. El planeta rojo se hallaba en un momento de máximo acercamiento a la Tierra, lo cual daba la oportunidad de observar con gran detalle algunos aspectos deconocidos.
El astrónomo estadounidense Aspa Hall descubrió sus dos satélites en 1877. El 5 de septiembre de ese mismo año, Giovanni Schiaparelli vislumbró sus famosos “canales”, a los cuales Percival Lowell les atribuiría, en 1908, un origen artificial, llegando a afirmar que los marcianos los utilizaban para desplazar agua desde los polos hacia las presuntas ciudades. Por tanto, parecía que se habían hallado las pruebas de la existencia de una civilización alienígena, en nuestro planeta más próximo.
Aquella visión de un Marte habitado despertó algunos temores, que serían exacerbados con la llegada de grandes conflictos como la Primera Guerra Mundial.
En 1938, un jovencísimo Orson Wells, que por aquel entonces trabajaba en la CBS, llevó a cabo una emisión radiofónica que haría historia. Transmitió la versión novelada de La Guerra de los Mundos sin ser consciente de las consecuencias que desataría aquel proyecto.
Wells narraba la historia basándose en la novela homónima pero como si de un suceso real se tratara. Los reporteros contaban con gran angustia como los artefactos marcianos se desplazaban por las ciudades creando el caos. Se oían gritos, cortes de la señal, un reportero de la CBS que moría en directo…Pese a haber insistido en que los hechos que se iban a escuchar en la radio eran pura ficción, miles de estadounidenses interpretaron que aquellos sucesos estaban teniendo lugar en la realidad. Muchos hicieron acopios de alimentos, otros bloquearon las centralitas de los teléfonos de emergencias y no pocos huyeron despavoridos provocando atascos en las carreteras. Algunas crónicas incluso afirman que varias personas se arrojaron al vacío desde los rascacielos neoyorkinos. Un estudio sociológico elaborado tiempo después afirmaba que el programa lo escucharon seis millones de personas, de las cuales un millón quedaron gravemente afectadas.
Quizás fuera el exceso de realismo de Wells, o el hecho de que estas personas sintonizaron el programa cuando ya había comenzado, sin haber escuchado las advertencias previas relativas a una recreación artística o que por aquel entonces (al igual que ocurre ahora) la sociedad vivía en una especie de cultura del miedo, en la que parecía que el fin del mundo iba a tener lugar en cualquier momento.
La gran lección de la emisión de Orson Wells fue que, en caso de una invasión alienígena, no cabrá esperar un comportamiento racional y planificado por parte de los terrícolas sino, más bien al contrario, grandes dosis de caos, desesperación y pánico. Con un escenario así, los alienígenas lo tendrán muy fácil para conquistar la Tierra.

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