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El 'chupacabras' también actuó en Tenerife

El Diario de Avisos siguió
la muerte de dos perros
en extrañas circunstancias
Intentar establecer el origen exacto de un mito como el del “chupacabras” supondría perderse en una madeja de datos e informaciones periodísticas que posiblemente solo sirviera para no llegar a ningún sitio. Parece más o menos claro que los primeros casos sobre extrañas muertes de animales atribuidas a esta criatura mítica se remontan a finales de los años 60 del pasado siglo en Estados Unidos, aunque siempre hay autores que establecen conexiones con antiguos seres bebedores de sangre, vampiros o demonios.
Posiblemente, el primer episodio registrado habría que situarlo en el estado de Colorado en 1967, cuando una yegua de nombre Lady, apareció una mañana muerta con extrañas heridas que no podían ser atribuidas en principio a un depredador corriente. En años posteriores, la fiebre de muertes de animales sin explicación natural se desplazaría a otros rincones del país como Kansas, Pensilvania o Nuevo México.
La alarma social en este último estado llegó a tal punto que el senador Floyd Haskell solicitó en 1975 al FBI que investigara las muertes que estaban teniendo lugar. El resultado de las pesquisas de los federales se concretó en un volumen de 1.600 páginas en las que se analizaban pormenorizadamente 15 muertes de animales de granja en condiciones anómalas. Después de considerar opciones como la de una posible secta, depredadores o experimentos sociales por parte de algún grupo secreto, el documento se cerró sin conclusión. Algo que solo podía acrecentar el grado de misterio en torno a este fenómeno.
La mitología que se estaba creando en torno a este asunto establecía que los animales afectados, generalmente caballos, vacas, cabras o pollos, presentaban una serie de heridas limpias, sin desgarros, que solo podrían haber sido producidas por alguna herramienta quirúrgica. La ausencia de sangre en el cuerpo era la tónica habitual, así como la falta de órganos como el corazón o el hígado. Además, no había signos de lucha aparente, como si el agresor hubiera narcotizado a distancia a los animales.
En Puerto Rico los ganaderos también empezaron a denunciar muertes de animales en estas circunstancias pero cuando comenzaron a hablar de extrañas sombras que se movían en la noche, surgió la figura de una criatura misteriosa con habilidades sobrenaturales. Solo un ser que se alimentaba de sangre y que manipulaba a sus víctimas a distancia mediante procesos telepáticos podía ser capaz de provocar aquellas matanzas. Acabó siendo bautizado como el Chupacabras.
Sudamérica ha sido escenario frecuente de las acciones de esta criatura legendaria. Entre abril y septiembre del año 2002, Argentina vivió una oleada de muertes de animales de todo tipo en los campos que afectó a las regiones más diversas del país; al menos trece provincias se vieron afectadas. El fenómeno fue seguido por los medios de comunicación generalistas, incluso en España, algo que solo podría sobredimensionar la importancia de lo que realmente estaba sucediendo. El grado de histeria vivido por los ciudadanos, en aquella ocasión, provocó la intervención del gobierno de aquel país, que mediante su departamento de agricultura y ganadería (SENASA) emitió un informe en el que se establecía que las muertes se habían producido de manera natural y que, en gran parte de los casos, la desaparición de órganos, así como las particulares heridas observadas en la piel habían sido fruto de la acción de un roedor al que se le conocía coloquialmente como “hocicudo rojizo”.
Algo muy parecido sucedió en Tenerife en una época tan temprana como 1979. A finales de abril de aquel año, dos perros fueron encontrados muertos en el barrio de Taco. Las primeras denuncias hablaban de ausencia de sangre, de dos orificios practicados en el lomo y la falta de algunos órganos. Cuando los periódicos se hicieron eco del suceso, la consecuencia inmediata fue la alarma social. Tal y como pudimos constatar personalmente cuando reencuestamos esta historia, las madres no dejaron salir a los niños a la calle durante algunos días.
Sobre este asunto hemos publicado un artículo en Caso Siete.

Comentarios

Ricardo Campo Pérez ha dicho que…
La historia es producto de una exageración periodistica intencionada, como me confesó el propio autor de los reportajes en "Diario de Avisos". Échale un vistazo a mi artículo "El chupacabras de Taco". 2•c Revista semanal de Ciencia y Cultura. La Opinión de Tenerife, 227 (Santa Cruz de Tenerife), 3 de julio 2004. Y también: El chupacabras tinerfeño. 'El Escéptico' 19 mayo-agosto 2005, pp. 18-25.
Alfonso Ferrer ha dicho que…
Tengo la prensa de la época y tu artículo en El Escéptico. También creo que el terreno estaba abonado tras el avistamiento del 5 de marzo de ese año.
Ricardo Campo Pérez ha dicho que…
Acabo de recibir este libro:

http://www.amazon.com/Tracking-Chupacabra-Vampire-Fiction-Folklore/dp/0826350151/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1316442650&sr=1-1

Además de evaluar, con resultados negativos, las pretendidas pruebas de la existencia del chupacabras, es un análisis histórico de cómo se originó y evolucionó la leyenda de este bichito.

Según me comentó el autor, es probable que haya una edición en español. Espero que así sea.

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