Las guerras cambian con los tiempos. Ahora se desarrollan
armas “no-letales”. Este eufemismo no deja de ser otro pretexto para seguir
alimentando una multimillonaria maquinaria económica basada en el diseño, fabricación
y venta de nuevas armas.
En 40 millones de dólares está valorado el contrato suscrito
entre la Fuerza Aérea de Estados Unidos y la compañía Boeing, para el
desarrollo de una tecnología de la que solo parecía haber constancia en los
foros de conspiraciones y en películas como Matrix.
El invento en cuestión recibe el nombre de CHAMP; el
acrónimo desde el inglés sería algo así como Misil Avanzado de Alta Energía
Contra-Electrónica. Se trata de un misil que porta en una de sus alas un emisor
de microondas cuyo fin es el de neutralizar todos los sistemas electrónicos del
objetivo. Apagarlo, literalmente.
Boeing anunció, ya de forma oficial dando fin a todas las
especulaciones, que el misil se había probado con éxito en el campo de pruebas
de la Base Hill de la Fuerza Aérea, en Utah. El pasado 16 de octubre, un
bombardero B-52 lanzó el artefacto, que se dirigió hacia siete edificios. El
haz de microondas fue lanzado hacia cada uno de los blancos. El pulso
electromagnético (EMP) dejó fuera de servicio cualquier aparato eléctrico.
Uno de los objetivos era un edificio de dos plantas. En él
se habían instalado cámaras de seguridad que apuntaban hacia el interior,
gracias a las cuales, personal militar y de Boeing pudo seguir el simulacro.
A través de ellas, se podían observar ordenadores y pantallas en pleno
funcionamiento. Cuando el misil CHAMP sobrevoló las instalaciones, los monitores
se apagaron, y un segundo después ocurrió lo mismo con las cámaras de
seguridad, que fundieron a negro.
Los expertos estallaron en júbilo ante el contundente éxito
de la experiencia. “Llegamos a todos los objetivos, fue fantástico” declaró
Keith Coleman, jefe del programa CHAMP en Boeing. “Hemos pasado de la ciencia
ficción a los hechos científicos” concluyó.
La Fuerza Aérea americana llevaba trabajando en secreto sobre
esta tecnología desde los años 70. Cuando hubo conocimiento de que, en 2007, la
aviación israelí inutilizó la defensa antiaérea siria mediante armas EMP, los estadounidenses intensificaron sus investigaciones. La idea
era ir más allá de la mentalidad del “lanzallamas” y diseñar un artefacto
preciso, que permitiera actuar selectivamente, de forma discreta y
discriminando objetivos. Algo así como un rifle sniper.
“Esta tecnología marca una nueva era en la guerra moderna” sentenció eufóricamente Coleman, anunciando un tiempo
en el que las bajas humanas podrían ser evitadas.
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En Mátrix, cuando la nave Mjolnir es atacada, activa un dispositivo EMP paralizando a los centinelas (en la imagen) |
¿Guerras sin muertos?
La idea es sencilla. No se trata de atacar al ser humano, si
no a su forma de vida. La creciente dependencia a todo tipo de sistemas eléctricos nos convierte en un blanco fácil. Pero la cuestión no es tan inocente como
venden amablemente los promotores del proyecto CHAMP.
No es solo que te quedes sin conexión telefónica o a
internet si un misil con un emisor EMP sobrevuela tu casa. Es que el objetivo
podría ser una central eléctrica, un hospital, una central nuclear, gasolineras,
una estación de bombeo de agua o un avión de pasajeros. Ya sea por un error o
porque la tecnología cae en las manos equivocadas, el sufrimiento y las muertes
no estarían al margen.
En un futuro en el que ciertamente las guerras pudieran
llevarse a cabo de otra manera, una escalada con armas de pulso
electromagnético podría devolver a parte
de la humanidad a la edad media durante semanas o meses. Un ataque al sistema
eléctrico de un país requeriría una lenta y costosísima recuperación.
Y sin energía eléctrica, la sociedad moderna se desmorona.
Durante estos días, hemos podido comprobar como un fenómeno
natural como el del huracán Sandy ha despojado a una ciudad icónica como Nueva
York de sus servicios más elementales. Hemos observado como los ciudadanos hacían
colas interminables en las gasolineras. La escasez de combustible ya ha propiciado
que se recurran a las reservas de petróleo del país, algo previsto solo en
casos muy excepcionales, como una guerra. Además, en algunas zonas hay escasez
de aguas y alimentos.
Durante el famoso apagón eléctrico de esa misma ciudad, repito, símbolo de la modernidad y de la
vanguardia, el 13 de julio de 1977, se produjeron centenares de robos en
comercios y de vehículos. Ya no sabemos vivir de otra manera. Sin suministro
eléctrico solo cabe esperar caos y oscuridad.
La dependencia eléctrica ha hecho a nuestra sociedad más vulnerable
y ahora han surgido nuevas amenazas. Un pulso electromagnético puede venir de
una tormenta solar, aunque también puede ser provocado maliciosamente. Ambas
circunstancias se han tenido en cuenta por primera vez, este año 2012, en el
informe sobre amenazas a la seguridad nacional que cada año prepara la Casa
Blanca.
El misil CHAMP actúa de esta manera:
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