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Casas y hospitales encantados. Un fenómeno atemporal.

La creencia en "lugares encantados" no es nueva y suele ir asociada a la supuesta presencia de espíritus que en vida vivían o guardaban alguna relación con en ese sitio . Las leyendas sobre fantasmas se pueden rastrear desde hace miles de años atrás, en los pueblos más antiguos y en civilizaciones desarrolladas como Grecia o Egipto. Contemplar la posibilidad de la pervivencia del alma parecía, para el hombre de entonces, una consecuencia lógica cuando alguien moría. A algún lado tenía que ir a parar la esencia de ese ser humano que acababa de fallecer, llámese alma, conciencia o el "ki" energético del que habla la cultura japonesa. 

Golpes en los armarios, teléfonos que suenan solos.
En épocas mucho más posteriores, las historias sobre aparecidos cobraron una forma más concreta a la luz de disciplinas como el espiritismo. La publicación de El libro de los espíritus de Allan Kardec, en 1857, instauró en Europa una corriente caracterizada por el contacto con el mundo de los muertos. Las sesiones de mediumnidad en la que a través de mesas parlantes, y posteriormente mediante tableros de ouija, los asistentes hablaban con seres que se encontraban en otro mundo se convirtieron en un pasatiempo de la aristocracia. Posteriormente, con la llegada de las dos guerras mundiales y el reguero de decenas de millones de muertos que dejó a su paso, se convirtieron en una necesidad.
En este contexto, surge una historia que daría inicio al fenómeno de las casas encantadas. En 1848, en un caserío de Hydesville, Nueva York, las jovencísimas hermanas Fox afirmarían que hablaban con una entidad desconocida a través de un lenguaje basado en golpes en los muebles de la casa;  los populares raps, tal y como los ha denominado la Parapsicología. A este fenómeno se unirían otros, según contarían las niñas, como desplazamientos de objetos y muebles por la casa, empujados por manos invisibles.

El hogar de las hermanas Fox. ¿La primera casa encantada de la Historia?

Ya entrado el siglo XX, la Parapsicología y la investigación de fenómenos metapsíquicos, incluso en universidades e instituciones científicas, alcanzan una gran atención por parte de las sociedades occidentales. Mediante estas disciplinas se intentaba dar explicación científica a sucesos aparentemente sobrenaturales que tenían lugar en numerosos inmuebles. Algunos casos han ocupado lugares privilegiados en la amplia literatura parapsicológica que ha ido viendo la luz durante la segunda mitad del siglo XX.
Entre los episodios más notables encontramos los poltergeist de Rosenheim, Alemania, en 1967. En un bufete de abogados se sucedieron incontables episodios que desafiaban la lógica.
Se registraron llamadas de teléfono procedentes de oficinas desde las que nunca fueron efectuadas. Después de revisar la instalación en profundidad por parte de la compañía proveedora del servicio e, incluso, de cambiar de empresa, aquellas llamadas misteriosas se siguieron produciendo. Además, las anomalías eléctricas afectaron al sistema de iluminación de la casa. Las luces se encendían y apagaban sin que nadie las accionara, aún después de haber sido revisadas. La extrañeza de los sucesos llegó a su apogeo cuando uno de los trabajadores del despacho afirmó ser testigo de cómo una de las bombillas del techo se desenroscaba sola. Los fenómenos paranormales provocaron la presencia del mítico Hans Bender, uno de los popes de la Parapsicología.

El infierno se desata en Ocean Avenue
Pero si hemos de remitirnos a la casa encantada por excelencia, mitificada en gran medida en los últimos años gracias al cine, tenemos que irnos a Amityville, una villa en el condado en el condado de Suffolk, en Nueva York. La casa tuvo su propio capítulo en  la crónica negra de Estados unidos cuando el 15 de noviembre de 1974, uno de los hijos de la familia DeFeo asesinó con una escopeta a sus padres y cuatro hermanos. Desde entonces, según los estudiosos de la Parapsicología que se han acercado al caso, el inmueble quedó marcado por energías negativas que harían imposible la estancia en él a sus siguientes propietarios. En otras palabras, la casa quedaría maldita. Un año después del crimen, la familia Lutz la adquirió. No vivieron en ella demasiado tiempo. La vida entre aquellas paredes se les hizo insoportable debido a los fenómenos desconocidos que allí se presentaban. Los Lutz hablarían de presencias extrañas, ruidos, puertas que se abrían solas, incluso, unos ojos rojos que les observaban desde las ventanas. 

Ronald DeFeo asesinó a su familia con una escopeta mientras dormían, en Amytiville. Aseguró actuar por la acción de una fuerza demoníaca.

En España, un duende en la cocina y vasos que salen despedidos
En España no faltaron casos curiosos. Uno de los más representativos lo encontramos en una época tan temprana como 1934, en Zaragoza. Era el conocido como "caso del duende de la hornilla". El 27 de septiembre, en la calle Gascón de Gotor, número 2, comenzó a manifestarse una voz cuyo origen era desconocido. Parecía provenir de la hornilla de carbón de la cocina e interactuar con los inquilinos de la casa. El ente (o lo que fuese) parecía ver todo lo que ocurría en su interior pese a que su presencia era un misterio para todos. No emitía ningún mensaje concreto, tan solo profería algunos frases inconexas y cortas: "¡Ya estoy aquí!", "¡Cobardes!", etc. La expectación social que levantó el caso no conoció fronteras y se acabó hablando del tema en el periódico británico The Times. Pese a los continuos intentos por dilucidar quién estaba detrás de aquella broma, si es que lo era, no se llegó a pillar a nadie con las manos en la masa, ni a esclarecer por qué medios aquella voz se colaba a través de la hornilla. Un día, simplemente dejó de escucharse.
Otro enclave de lo que se ha dado por llamar la "España misteriosa" se encuentra en pleno centro de Madrid. A finales de los años 90, en una tienda de antigüedades conocida como "El Baúl del monje", según manifestaron sus propietarios, los grifos se abrían solos, se oía un fuerte ruido de vajilla que se rompía sin que hubiese ocurrido nada, las velas se encendían solas y los vasos salían despedidos. Según los responsables de la tienda, en muchas ocasiones los fenómenos se desataban en presencia de los clientes, lo que motivó en alguna ocasión que éstos salieran despavoridos.

Policías investigando el origen de las voces en la "casa del duende".

En Canarias, el primer caso "poltergeist"
En una tierra imantada desde la antigüedad por el misterio y la leyenda como es Canarias, el fenómeno de las casas encantadas tiene su particular arraigo. Desde el siglo XIX ya se daban las circunstancias adecuadas para crear un caldo de cultivo apropiado en el que las historias sobre aparecidos e inmuebles con leyenda florecieran en cada isla. Comentábamos que el advenimiento de las corrientes espiritistas en España, con la publicación del libro de Allan Kardek El libro de los espíritus, en 1857, alimentó una visión sobrenatural de los sucesos inexplicables que parecían sucederse en innumerables casas. En Canarias hubo un especial interés por este tipo de ideas. Muchos de los más destacados eruditos de la sociedad canaria militaron en las filas de la doctrina espírita.
Ejemplos de estas inquietudes los podemos encontrar en la persona del escritor tinerfeño José Plácido Sansón y Grandy, que participó en decenas de experiencias mediúmnicas. En 1851, en Madrid, invocó el espíritu del poeta Ricardo Murphy. Otro ilustre canario como Luis Francisco Benítez de Lugo y Benítez de Lugo creía que el espiritismo procedía de una fuerza magnética capaz de levantar mesas sin contacto material.
También en el siglo XIX, el escritor palmero Antonio Rodríguez López publicó la obra Historia del Alma de Tacande en el año 1628. En ella relata una serie de hechos prodigiosos que presuntamente habrían tenido lugar en un viejo caserío en el municipio de El Paso, en La Palma. Según relata el autor, durante 87 días se estuvo manifestando en la vivienda una entidad que se identificaba como Ana González y que pedía encarecidamente la presencia del padre Fray Montiel para "descargarse". Así fue como el religioso se presentó en el lugar y, tras escuchar todo lo que el espíritu tenía que decirle, tanto a él como a sus familiares, exorcizó la casa para instalar la paz, tanto en aquel alma atormentada como entre los moradores.
Los sucesos observados en la casa incluían aportes, es decir, materializaciones de cruces. También de una piedra, que es el momento que pone punto y final a las andaduras espirituales de Ana González.
La historia se considera un episodio clásico de casas encantadas en España, llegando a ser considerado el primer suceso en nuestro país en los que hay testimonios directos de fenomenología paranormal. El primer "expediente x", que dirían algunos.
Más allá de la leyenda, recientemente, las indagaciones de la investigadora María Victoria Hernández, a través del Fondo Lorenzo Mendoza, le llevaron a los registros reales de las personas que había residido en esa casa. Ana González había existido. Cabía, por tanto, la posibilidad de plantearse si los hechos extraordinarios relatados por Rodríguez López se sucedieron realmente de esa forma.
También hemos encontrados episodios de aportes de piedras, o litotelergia, tal y como diría la Parapsicología Científica, en otros inmuebles de la geografía insular. Uno de ellos nos lleva al municipio tinerfeño de Güímar. En la conocida como Casa de Frías, un pequeño caserío para cabreros, tuvo lugar una curiosa lluvia de piedras. Un suceso que ha quedado grabado en la memoria de los vecinos desde hace varias generaciones.

Anomalías en los hospitales
Pero sin duda, son los hospitales los lugares más propicios a la aparición de supuestos fenómenos inexplicables. Los sucesos extraños son moneda común en muchos sanatorios de la geografía nacional. Luces que se encienden y se apagan sin que haya intervención humana, apariciones fantasmales, muebles y objetos que se mueven solos...son los episodios anómalos que más frecuentemente se relatan. Algunos de estos enclaves ya han formado parte de la literatura de misterio durante los últimos años.
El Hospital del Tórax de Terrassa ha ocupado un lugar destacado dentro de esta cartografía de lo insólito. En él se han registrado los famosos cambios bruscos de temperaturas, mal funcionamiento de cámaras de fotos y vídeo y percepción de sombras extrañas.
Sobre el Sanatorio de tuberculosos abandonado de Sierra Espuña, en Murcia, se cuenta que una noche, a mediado de los años 80, un grupo de militares que se encontraba descansando dentro de las instalaciones, en el transcurso de unas maniobras, se encontró con un ser aterrador. La entidad presentaba un color verdoso y aspecto semitransparente. Según ha transmitido la leyenda, los militares respondieron a la aparición con disparos de su arma reglamentaria que atravesaron al espectro. Hoy día se podrían ver los agujeros de bala en la pared.

La capilla del Hospital del Tórax, Tenerife, epicentro de algunos extraños fenómenos.

Canarias también tenía que tener su epígrafe dentro de este apartado de hospitales con leyenda.  El Hospital Nuestra Señora de Candelaria y el del Tórax, ambos en Tenerife, han sido escenario de innumerables sucesos aparentemente sin explicación. La abundancia de testimonios en los dos hospitales nos ha resultado tan notable que Alfredo Moreno y un servidor los plasmamos en un libro llamado Los fantasmas de La Candelaria (2.0 Books) publicado a finales de 2016.
En la obra recopilamos relatos sobre fenómenos paranormales de todo tipo. Desde los más sutiles: puertas que se abren y se cierran solas, luces que se encienden y se apagan...hasta los más impactantes: apariciones de seres de aspecto fantasmal en los pasillos, la visita de un extraño individuo ataviado con un sombrero ante los pacientes terminales, habitaciones malditas. Durante nuestra investigación nos dimos cuenta de que los sucesos extraños en nada diferían a los que podían darse en lo que entendemos por un casa encantada, aunque con sus singularidades, claro.
En el caso de los hospitales, lugares por donde pasan a diario miles de personas, algunos de ellos con graves padecimientos, el dolor y la angustia de alguna manera tenía que concretarse en una serie de historias extraordinarias que era necesario rescatar en forma de una monografía.


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