
"El Polo Norte quedará expuesto en diez años. Uno podrá navegar en un carguero japonés de automóviles a través del Polo Norte y hacia el Atlántico". Son las declaraciones de Peter Wadhams, responsable del Grupo de Física del Océano Polar de la Universidad de Cambridge.
El panorama que plantea el científico supera todas las previsiones llevadas a cabo hasta la fecha en relación al deshielo que se está produciendo en el Polo Norte. Ahora, en terminadas épocas del año, ya es posible atravesar el océano ártico, sin necesidad de navegar con un buque rompehielos. Se trata de una quimera soñada por antiguos navegantes: el paso del Noroeste, aquel que uniría el océano Atlántico con el Pacífico, enlazar directamente Asia con Europa. Una nueva ruta que permitiría recortar miles de kilometros. Se trata de un nuevo panorama que, sin duda, tendrá una gran incidencia en la economía ya que permitirá reducir costes en el transporte de todo tipo de productos pero también generará importantes conflictos territoriales y profundos cambios climáticos. Un océano Ártico navegable no tendrá lugar a finales de este siglo, tal y como se había dicho hasta ahora, será una realidad hacia 2020. Ello da buena cuenta del ritmo creciente al que se está produciendo el calentamiento global, dejando caducos algunos pronósticos.
El estudio de la Universidad de Cambridge han sido posibles gracias a las muestras de hielo recogidas por un submarino militar británico en 2007 y de un explorador marino en el presente año. El resultado fue que el grosor medio de los témpanos de hielo era de apenas 1,8 metros.
Para Wadhams "el cambio de hielo ártico en el verano será el mayor impacto que el calentamiento global tendrá en la apariencia física del planeta".
A este análisis hay que añadir otro reciente, en esta ocasión, proveniente de la Universidad de Colorado, según el cual, el ártico sufre un calentamiento, debido al cambio climático, sin precedentes en los últimos 200.000 años.
Para ello, los investigadores analizaron sedimentos de un lago en la isla de Baffin (Canadá). Registaron bruscos cambios químicos y geológicos en un periodo en que en el Ártico se estaba produciendo un enfriamiento que fue interrumpido repentinemente por las emisiones de gases de efecto invernadero.
Veamos ahora algunos de los efectos que conllevará el actual proceso de deshielo ártico.
Grandes heladas en Europa, creciente sequía en América
La región del Ártico es la cara más visible del calentamiento global. Muchos lo han considerado una forma de alerta temprana. Es en esta parte del planeta donde se reciben buena parte de las radiaciones solares, debido a la inclinación del eje alrededor del cual gira la Tierra.
De esta manera, se ha podido constatar que en tan sólo tres décadas, la temperatura en este región del planeta ha aumentado 3 grados centígrados; muy por encima del promedio global.
Peter Wadhams afirma que para dentro de 20 años será normal observar un verano libre de hielos en el Polo Norte.
Este hecho afectará gravemente a las corrientes marinas que se producen en el Océano Atlántico, reguladoras en gran manera, del clima que podemos observar en la actualidad en algunos continentes.
En el Atlántico, uno de esos circuitos oceánicos es la denominada Corriente de las Canarias, en alusión al archipiélago al que atraviesa. Se trata de un imnenso caudal de agua fría que, partiendo del norte de Europa, se dirige hacia América Central, pasando por las Islas Canarias. Gracias a esta corriente de agua fría, el clima del archipiélago canario ( a apenas unos kilómetros al lado del árido desierto del Sáhara) es suave y agradable, con temperaturas de en torno a los 22º la mayor parte del año.
Lo mismo ocurre con buena parte de América Central y del Sur. La corriente de las Canarias suaviza el clima seco de muchas de estas regiones evitando grandes sequías y favoreciendo actividades como la agricultura.
Una vez llega esta corriente al Golfo de México, se calienta y continúa su recorrido, en esta ocasión a la inversa, es decir, más al norte del Atlántico, hacia el norte de Europa. Las cálidas aguas de la corriente del Golfo evita grandes heladas en el norte de Europa (que por su latitud deberían ser algo normal).
Se trata de una gran cinta transportadora que recorre incesamente el océano Atlántico. En el caso de la Corriente del Golfo, el mecanismo que permite que el agua se mueva (entre otros como los vientos o la rotación de la Tierra) es de naturaleza termohalina. Es decir, sus cálidas aguas se encuentran con un frío torrente proveniente del Ártico. Esta diferencia es el motor de las corrientes marinas, permite que el océano se mueva. Pero algo está ocurriendo.
En una reunión que tuve con Manuel Vázquez Abeledo, científico del Instituto de Astrofísica de Canarias y experto en el fenómeno del Cambio Climático, me aclaraba que el deshielo del Ártico está afectando a las corrientes del Atlántico. Las cálidas aguas de la Corriente del Golfo cada vez son más frías y las frías aguas de la Corriente de las Canarias se están calentando. Esto es algo que ya se está comprobando, según sus palabras.
Esto provocará que la enorme cinta transportadora del Océano cada vez sea más lenta. En consecuencia, el Norte de Europa será más frío, sufrirá grandes periodos de heladas, echando a perder importantes cantidades de cosechas. Por contra, Centroamerica sufrirá más sequías y desertización creciente.
Otros efectos
Al margen de las consecuencias que pueda tener el derretimiento de los hielos de la región ártica, podemos considerar otros efetos.
Toda la extensión de hielo que conforma esta parte del planeta conforma una extraordinaria protección frente a su excesivo calentamiento. Gran parte de los rayos solares que inciden sobre la Tierra son devueltos al espacio debido a la gran capacidad de reflexión de la nieve y el hielo. El albedo -o capacidad para reflejar la radiación que incide sobre una superficie- del hielo es de un 86% mientras que la del océano es de apenas un 5 o 10%. Así, el Ártico funciona como una gran paraguas de la Tierra. Si lo perdemos en unas décadas, toda esa superficie blanca dará lugar a un inmenso y oscuro océano en el Polo Norte. Éste será incapaz absorberá todo el calor que reciba potenciando aún más el calentamiento de los mares del planeta.
Además, hay un efecto añadido. Gran parte del dióxido de carbono -el gas de efecto invernadero, principal causante del calentamiento global- es absorbido por el océano, pero si este está muy caliente, esa capacidad de absorción se verá mermada. El dióxido de carbono no absorbido, por supuerto, permanecerá en la atmósfera.
Ya que aludimos al dióxido de carbono (CO2). Durante la referida charla que tuve con el científico Manuel Vázquez, él me comentaba algo que me llamó mucho la atención: la posibilidad de que dentro de esta dinámica, más o menos progresiva, de cambio climático se produzca algún cambio brusco, algún hecho que podría tener consecuencias nefastas:
"Hasta ahora, el proceso es gradual, pero podría ocurrir que, de repente, se pasase de un estado a otro. Esto puede afectar concentraciones de metano en Siberia. Bajo sus mantos de hielo se da la existencia de grandes masas vegetales en descomposición y metano, que es otro gas de efeto invernadero considerable. Aquello es como si fuese un garn vertedero. Si el deshielo en esta zona se produce de forma abrupta, todo ese metanoo saldrá a la atmósfera". Se trataría de más combustible para el calentamiento global. Grandes masas de gas podrían permanecer bajo el hielo en otras regiones árticas como en Groenlandia. El efecto de grandes concentraciones, de manera súbita, de gases de efecto invernadero sería imprevisible.
No debemos de perder de vista tampoco el drama que supondría la desaparición de los habitats de numerosas especies; quizás el aspecto más traumático de todo este proceso. Especies tan emblemáticas como el oso polar podrían tener los días contados. También hay asentamientos de comunidades de humanos, como los esquimales, que verían peligrar su tradicional modo de vida.
Por último, hemos de resaltar el aspecto positivo -si es que lo tiene- de un océano libre de hielos. Permitirá un mundo mejor comunicado. Asia y Europa se relacionarán por rutas que permitirán precindir de miles de kilómetros. Esto redundará en un aumento de los beneficios de las compañías mercantes y en una mejora de los plazos. Los consumidores, sin duda, podrán beneficiarse de mejores precios en todo tipo de productos y del acortamiento en los plazos de entrega.
También están ya cantados los conflictos de orden territorial entre los numerosos países del norte que aspiran a un trozo del pastel. Aumentarán los caladeros de pesca pero es que, además, el ártico parece ser una región rica en petróleo, gas -podría contener una tercera parte de las reservas mundiales de combustibles fósiles- y minerales como el oro.
Desde el punto de vista político, el Polo Norte es como la parte de arriba de una mandarina con sus gajos; cada uno de estos representa un país con pretensiones territoriales muy claras.
Esto ya lo dejó claro Rusia, cuando una expedición colocó en el fondo marino, en 2007, una bandera para demostrar que la cordillera de Lomonosov y Mendelev es una extensión del ártico. Con ello pretenden reclamar ante la ONU la propiedad de más de un millón de kilómetros cuadrados. Ya en 2001 reivindicó nada menos que la mitad de esta región.
Canadá es otro país que está pisando fuerte en este terreno reclamando una enorme área. Está actuando de manera muy activa, más aún que Estados Unidos, enviando patrullas de hasta 1.500 soldados en remotas regiones del Ártico. Uno de los satétiles que lanzará proximamente ese país, el Radarsat 2, permitirá vigilar esta zona.
Se trata de acciones que ya estaban planificadas desde algunos años. Los políticos y los analistas, desde hace tiempo, han visto un horizonte nuevo en un mundo sin hielos.
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