
En el caso que nos ocupa, Don Eustaquio se refería a la luz del Roque Cano, en alusión a un prominente peñasco que preside la entrada a Vallehermoso, alrededor del cual se movía la luminaria. El interés de este fenómeno en concreto es que no ha sido descrito por la literatura, si bien ya conocíamos la existencia de otro tipo de luces similares en la isla colombina, por ejemplo, la luz de la Dama.
Por lo demás, las descripciones dadas por los testigos coinciden con las de otras luces populares (por emplear el término que acuñaron los investigadores Jesús Callejo y Javier Sierra): un foco de luz de medio metro de diámetro de un color blanco o amarillento que se mueve a ras del suelo y que puede ser observado durante unos cuantos minutos. Las primeras observaciones de la Luz del Roque Cano se remontan a los años treinta del pasado siglo.
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