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Túnel de la calle Candilas |
Es el caso del escritor Lorenzo Santana, que el pasado 29 de abril hizo una serie de sorprendentes revelaciones sobre los subterráneos de la ciudad en el programa de radio Ángulo 13 (Radio Aguere).
Para Santana, el descubrimiento de este tipo de construcciones resulta hasta cierto punto normal si tenemos en cuenta que, en sus propias palabras, “La Laguna ha ascendido de nivel. No está al nivel del suelo desde cuando se fundó. En algunos lugares ha subido más de un metro. La Laguna ha soterrado lo que estaba debajo. Es una ley económica muy simple, es más fácil construir encima que destruir lo que ya existe”.
Para Santana, el descubrimiento de este tipo de construcciones resulta hasta cierto punto normal si tenemos en cuenta que, en sus propias palabras, “
Así, habría todo un antiguo mundo por descubrir en la centenaria ciudad del Adelantado. El propio escritor narra una anécdota que tuvo lugar cuando, siendo un niño, iba desde el instituto hacia su casa y que despertó el interés por este asunto: “Ocurrió hace unos 30 años. Fue en la calle de La Rosa , en la calle que va a desembocar en la dulcería La Princesa. Se encontraron una piedra de losa cuadrada. Apareció un enorme hueco, de 3 o 4 metros de profundidad, con restos de vasijas: Los operarios decían que había que llamar al ayuntamiento. Era como una habitación para guardar algo. Ahí empezó mi contacto con los pasadizos laguneros”.
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La catedral de La Laguna podría ocultar pasadizos subterráneos |
Las intrigas relacionadas con los túneles subterráneos han estado relacionados con varias calles emblemáticas de la ciudad; una de ellas, la de San Agustín. De hecho, Santana hizo referencia a un hallazgo producido en el ex-convento del mismo nombre, en la citada calle: “En San Agustín se encontró una cripta en el claustro principal, datada en 1518. Se bajan los escalones. Hay una cripta de una par de metros por un par de metros, con una par de cadáveres y un osario. Nadie sabía quien estaba encerrado. Participé en la investigación, hicimos el estudio histórico; eran del conde de Salazar y su hermana, del siglo XVIII. La cripta es anterior a 1518, es de lo más antiguo”. No es de extrañar este tipo de descubrimientos en esta parte de La Laguna. Bajo el propio Museo de Historia, sito en la misma calle, se tiene la fuerte sospecha de que pudiera hallarse un volumen que podría corresponder, según el investigador Fernando Herráiz, a una cripta. Recientes análisis realizados con pruebas de sonidos (no invasivas, para no afecatar a la estructura del edificio) parecen confirmarlo, así como la existencia de tres testimonios independientes recogidos por el propio Herraíz, referentes a la época en la que se restauró el Museo, y la existencia de una escalera que parece bajar hacia esa zona a una profundidad considerable y que da hacia un acceso tapiado.
Herráiz también apunta a la existencia de una obra de peatonalización, hace aproximadamente un año, en esta calle, frente al Museo, en la que se descubrió un pasadizo a unos 6 metros de profundidad. Éste habría sido taponado precipitadamente con piedras.
Santana se refiere al hallazgo de cuerpos en criptas subterráneas, como el del caso de San Agustín, como algo previsible ya que formaba parte de la mentalidad de la gente que vivió en la ciudad hace siglos enterrar a los cuerpos fuera de las iglesias, muchas veces, al lado de las casas. Así, era fácil localizar un determinado lugar ya que se decía que estaba “al lado de tal o cual tumba”. “Suponemos que las tumbas están todavía ahí y que se habrá construido encima” consideró.
Otro punto al que podrían orientarse las futuras investigaciones es a la Catedral de La Laguna (antigua Iglesia de los Remedios). Es fácil rastrear, a juicio de Santana, el rastro de algunos pasadizos: “En la plaza de la Catedral están las entradas de las criptas, a la vista. La Iglesia de Los Remedios sobresalía e hicieron unos cortes y se ven los rectángulos en el suelo cuando paseas entre los kioscos.”
Ya teníamos noticias, a través de ciertas fuentes, de la existencia de un posible pasadizo de cierta importancia debajo de la catedral que, a raíz de unas obras, quedó al descubierto.
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