Canarias tuvo un papel singular dentro de las intrigas
que propiciaron los años de la Segunda Guerra Mundial, esto es indudable. Pese
a la aparente posición de neutralidad de Franco para no tomar parte en el
conflicto, por las islas se pasearon con cierta normalidad agentes alemanes e
ingleses que recababan discretamente información para sus respectivos
gobiernos. En ocasiones lo hacían en calidad de militares, pero era
perfectamente normal que esta labor la llevaran a cabo civiles aprovechando su
profesión y su arraigo en la siempre abierta sociedad canaria.
Con el paso de los años, las oscuras maniobras de los espías
generaron todo tipo de historias, unas dentro del campo de la leyenda, pero, en
otros casos, totalmente verídicas. Las más llamativas tenían que ver con el
bando alemán, quizás porque la pertenencia a un régimen tan perverso hacía
despertar aún más la imaginación. Aunque, como veremos, hay episodios que están
muy bien fundados y que nos permiten aseverar con total seguridad que,
efectivamente, hubo asentamientos de espías alemanes en Canarias, más allá de
lo que el mero rumor pueda sugerir. Arrojamos luz y taquígrafos sobre algunos
de esos emplazamientos:
El castillo de Los
Realejos
Al borde de la autopista del norte de Tenerife (TF-5), a
la altura de salida de Los Realejos, se puede observar una atractiva
construcción del siglo XIX con aspecto de castillo medieval. Su singular
apariencia podría desencadenar todo tipo de historias que alguna vez pudieron
suceder en su interior. Lo cierto es que hace unos años pude hablar con uno de
los herederos de aquella impresionante construcción. Antonio Maestre me contó
que, durante los años de la Segunda Guerra Mundial, su familia la alquiló a un
misterioso visitante. Cierto día, un primo suyo se coló por una trampilla que
daba acceso al interior y pudo comprobar asombrado como había multitud de
aparatos de radio y antenas.
Con estas notas acudí de visita al castillo, y me atendió
muy amablemente Jorge Bigel, su propietario desde el año 2000. Tras desenterrar
toda la documentación sobre la propiedad del inmueble y compartirla conmigo,
comprobamos que, efectivamente, se había alojado un ciudadano alemán desde una
fecha indefinida hasta ya entrada la Segunda Guerra Mundial. Picado por la
curiosidad, Bingel indagó entre los papeles de la casa dando con el nombre de
Wilhem Von Weikman. Una posterior búsqueda en Google Libros nos ofreció un
resultado inesperado. En el libro Terra Incognitae, de Richard Hennig, se cita
a alguien con este nombre que vivió en Tenerife en aquella época. El doctor Von
Weikman habría ejercido de cónsul para el gobierno alemán y fue un estudioso de
la historia canaria. La reseña va acompañada por el dibujo de guanche junto al
cual puede leerse "Los Realejos Alto. 1937".
En una consulta sobre este personaje al historiador de la
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Juan José Díaz Benítez, probablemente
el mayor experto en las islas sobre asuntos de la Segunda Guerra Mundial, me
aclaró que no le constaba ese nombre en su base de datos sobre militares
alemanes desplazados a Canarias. Aunque también apostilla que no era necesario
que fuese un militar el que pudiese cumplir posibles trabajos de espionaje ya
que generalmente esa labor la llevaban cabo los civiles.
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El castillo de Los Realejos (Foto: Alfonso Ferrer) |
La casa Winter
El emplazamiento más legendario sobre presencia de espías
alemanes en Canarias sin duda corresponde a la casa Winter. Situada en un lugar
estratégico en Cofete, en la península de Jandía, Fuerteventura, su situación
no parece casual ya que preside la playa de tal forma que es posible observar
un amplia porción de océano. El rumor popular aseguraba que era para interceptar
señales de radio de navíos aliados. Pero más allá de eso, el principal promotor
de esa teoría fue el escritor canario Alberto Vázquez Figueroa. Cuando se
encontraba en tierras majoreras investigando sistemas para extraer agua del
suelo, aquella casa le intrigó extraordinariamente. Tras una ardua labor de documentación
escribió su novela "Fuerteventura" en la que hablaba de una casa en
la isla en la que descansaban los tripulantes de los submarinos alemanes y
donde se les ofrecía todo tipo de placeres.
Aquella novela no gustó nada a la familia Winter. Durante
una entrevista con Juan Carlos Winter, el hijo de Gustav Winter, el antiguo
dueño de la casa, me trasladó el malestar que le provocaba que la figura de su
padre fuera recordada como la de un nazi. Y en ese sentido me aseguró que
disponían de un informe del Centro Simon Wiesenthal en el que Gustav quedaba
exonerado de cualquier sospecha de colaboracionismo con el régimen de Hitler.
Sin embargo, en 1997, el periódico El País publicaba un artículo firmado por
José María Irujo en el que se contaba que, después de la guerra, los aliados
habían enviado al régimen de Franco una lista de ciudadanos alemanes con
afinidades con el gobierno nazi con el objetivo de que pudiesen ser juzgados.
En esa lista aparecía el nombre de Gustav Winter.
Casa Winter (Cofete, Fuerteventura. Foto: Alfonso Ferrer) |
Vagoneta marca Krupp. Su presencia a las puertas de la casa alimenta la idea de excavaciones subterráneas con algún secreto propósito (Foto: Alfonso Ferrer) |
La Casa Amarilla
Sin embargo, con Wolfgang Köhler se ha cometido una gran
injustica histórica. La rumorología, posiblemente alentada por los británicos
asentados en el norte de Tenerife durante los años de la Primera Guerra Mundial,
adjudicó al prominente psicólogo alemán el inmerecido papel de espía. Quizás,
la leyenda se haya generado por la extrañeza que provocaban los experimentos que
llevaba a cabo en la denominada como Casa Amarilla, un pequeño edificio al
margen de una de las carreteras que lleva al Puerto de la Cruz (norte de
Tenerife) desde la autopista TF-5.
El inmueble tiene el valor de haber sido el primer centro
primatológico de la Historia. Köhler investigó el comportamiento de los
chimpancés, a los que ponía todo tipo de pruebas para resolver algunos
problemas de lógica. Sus estudios se llevaron a cabo en la casa desde 1913
hasta 1918 y se plasmaron en una importante obra: La inteligencia de los monos.
La Casa Amarilla es la memoria viva de una investigación científica que cambió
el curso de la historia de la Psicología. Sin embargo, hoy en día se encuentra
en un estado de ruinoso, pese a que ha habido algunos tímidos intentos, tanto
por parte del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz como del Cabildo de Tenerife
por rehabilitarla.
La discreción con la que el científico alemán
desarrollaba sus ensayos le habría puesto en el punto de mira de muchos, que
llegaron a afirmar que en entre aquellas paredes había una estación de
seguimiento de submarinos ingleses. Nada más lejos de la realidad. De hecho, ya
entrada la Segunda Guerra Mundial, Köhler fue muy crítico con el régimen de
Hitler, lo que le valió la disidencia. Emigró a Estados Unidos y allí se dedicó
a dar clases hasta su jubilación.
La base del
Púlpito
No se trata exactamente de una casa de espías alemanes
pero la intriga que ha despertado esta
base secreta nos ha convencido para incluirla en esta pequeña selección.
En enero de 2012, recorrí junto al investigador Fernando
Herráiz unas impresionantes instalaciones militares abandonadas en el interior
de la montaña del Púlpito, frente al aeropuerto de Los Rodeos, en el norte de
Tenerife. Al aparecer solo eran conocidas por los dueños de esa propiedad, y Fernando, preguntando y
tirando del hilo, llegó a dar con su localización.
La obra es impresionante. Tres naves de 97 metros de
largo cada una por dos metros y medio de alto y dos metros y medio de ancho. En total, el complejo suma unos
1.400 metros cuadrados. Las indagaciones
de Herráiz le llevaron a concluir que aquellos espacios iban destinados a
albergar grandes depósitos de combustible. Combustible para los aviones
alemanes que previsiblemente aterrizarían en el vecino aeropuerto, con el
beneplácito del régimen de Franco. La cuestión es que las obra no llegó a
terminarse, ni en Los Rodeos aterrizó jamás ningún caza alemán. Cuando la cosa
estaba empezando a torcerse a favor de los aliados, el régimen español se
desentendió definitivamente de Hitler y las instalaciones del Púlpito se
convirtieron en una base fantasma durante casi 70 años.
Puerta de acceso a la base del Púlpito (Foto: Alfonso Ferrer) |
Interior de una de las cúpulas. Posibles depósitos de combustible para aviones nazis (Foto: Alfonso Ferrer) |
Sobre este asunto hablamos largo y tendido en Crónicas de San Borondón
(Radio Autonómica de Canarias) con José Gregorio González.
Referencias:
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